La guerra de los Treinta Años: batalla de Breitenfeld (1631)

La guerra de los Treinta Años que comenzó en 1618, tuvo su origen en la rivalidad entre católicos y protestantes; el casus belli fue una controversia a propósito de la corona de Bohemia.  

En su lucha contra el imperio de los Habsburgo, los príncipes protestantes recurrieron a la ayuda, primero del rey de Dinamarca, Cristian IV, en 1624 y después, en 1630, del rey Gustavo Adolfo de Suecia cuando éste creyó que la guerra podría ser una amenaza para su país.  

Su intervención convenía a Richelieu, a quien su catolicismo no impedía su deseo de destruir la Casa de Austria. 

Gustavo Adolfo subió al trono de Suecia en el año 1611, a la edad de 17 años. El nuevo rey había estudiado el arte de la guerra con rigor y espíritu crítico al mismo tiempo y no pasó mucho tiempo antes de que pusiera en pie un ejército muy diferente, desde todos los puntos de vista, de los que poseían los restantes países europeos.  

En 1630, la guerra de las Treinta Años, que enfrentaba a los estados protestantes y católicos, había entrado en su duodécimo año y los combates se extendían ya hasta las costas alemanas del Báltico.  

Gustavo Adolfo, en la creencia de que Suecia estaba amenazada directamente, decidió apoyar a la precaria causa protestante. Por tanto, se puso a la cabeza de su ejército, bien equipado y extremadamente móvil para la época.  

El 6 de julio de 1630 estableció una cabeza de puente en Usedom, en la región de Pomerania, al norte de Alemania, entonces dividida en varios principados gobernados por los príncipes electores.  

Como es lógico, éstos, a pesar de la amenaza de los 40,000 hombres del conde de Tílly, sostén de la Liga Católica del emperador de Austria, Fernando II, no veían con buenos ojos la presencia de este ejército sueco de 36.000 hombres.  

 Los príncipes electores prohibieron al ejército de Gustavo Adolfo atravesar sus estados para acudir en ayuda de la ciudad de Magdeburgo, que cayó el 20 de mayo de 1631, siendo saqueada e incendiada por las tropas imperiales.  

Mas de 20.000 habitantes perecieron entre las llamas. Para la población civil fue la masacre más terrible de la guerra de los Treinta Años. El hecho sacudió al mundo protestante y provocó una reacción favorable a su causa.  

El saqueo de Magedeburgo, E. Steinbrück (1866)

Los Electores renunciaron a su intransigencia, reconocieron a Gustavo Adolfo como su protector y le permitieron atravesar sus estados. Los terribles sucesos de Magdeburgo señalaron el final de la apatía protestante, y varios estados alemanes se unieron a los suecos.  El horror que surgió en Europa fue tal que dio lugar a la idea de “guerra limitada”

 El Elector de Sajonia todavía dudaba cuando, a comienzos de septiembre, el ejército de Tilly atravesó sus fronteras y amenazó Leipzig con el mismo destino que había sufrido Magdeburgo.  

Su reacción no tardó en producirse, puso sus tropas a disposición de los suecos y los dos ejércitos se dirigieron hacia Leipzig, 24 km más al sur, para socorrer la ciudad. 

Al amanecer del 17 de septiembre la niebla cubría la llanura cerca de Breitenfeld. Tilly, conocedor de la estrategia, dispuso sus 40,000 hombres a la manera española clásica, a lo largo de una colina, pero Gustavo Adolfo adoptó un dispositivo nuevo y original.  

Batalla de Breitenfeld , Oluf Hanson. Grabado extraído de Theatr. Europ. II.

En el centro situó cuatro brigadas de infantería apoyadas por otras dos más un regimiento de caballería. Tres brigadas y dos regimientos de caballería estaban en reserva.  

En el flanco derecho, alternaban caballeros y mosqueteros, con un regimiento de caballería de apoyo y cuatro escuadrones de reserva. A la derecha se encontraban tres regimientos de caballería, con dos secciones de mosqueteros y dos regimientos de reserva; después estaba el contingente sajón.  

Cada regimiento de infantería estaba provisto de artillería ligera, y el rey emplazó la pesada en batería en una posición ligeramente adelantada en el centro de la formación. La batalla comenzó con fuego artillero durante unas dos horas y media en las que los artilleros suecos demostraron la superioridad de su potencia de fuego.  

Sus andanadas sobre el flanco derecho enemigo fueron tan devastadoras que el conde Pappenheím, que se encontraba al mando del mismo, decidió. sin recibir la orden de Tilly, cargar a la cabeza de sus 5.000 caballeros. Por siete veces realizaron la maniobra conocida como “caracola” bajo el terrorífico fuego de los mosqueteros de Gustavo Adolfo.  

Todos sus ataques fueron un fracaso y se retiraron en desorden. En el flanco derecho de Tilly la caballería siguió el ejemplo de Pappenheim y cargó sin recibir la orden para ello.  

Avanzó al trote sobre los sajones que, para sorpresa general, se desbandaron y dejaron al descubierto el flanco izquierdo de los suecos. Tilly, que finalmente había dado la orden de cargar a su indisciplinado ejército, aprovechó la ocasión y ordenó a su infantería pesada realizar una lenta maniobra de tenaza sobre el flanco izquierdo sueco. Al mismo tiempo, su caballería efectuaba un amplio movimiento para atacar al enemigo por la retaguardia.  

Pero Gustavo Adolfo era capaz de modificar rápidamente sus líneas y organizar una barrera de fuego homogénea frente al enemigo. Como los hombres de Tilly se replegaban, Gustavo Adolfo ordenó a la caballería de su flanco derecho, que no corría peligro alguno, que cargara sobre la izquierda enemiga. En ese momento. la artillería sueca efectuó una salva cerrada a quemarropa.  

Durante un instante, la infantería de Tilly resistió con coraje, pero sus líneas se desbandaron y tuvo que replegarse, perseguida por la caballería que encabezaba el mismo Gustavo Adolfo.  

La Liga Católica perdió 13.000 hombres y los suecos menos de 3.000, la mayor parte de ellos en el transcurso de la primera andanada artillera.  


Medalla conmemorativa de la batalla de Breitenfeld, figura de cuerpo entero del Rey Gustavo Adolfo victorioso, armado a la romana, con escudo cruzado. A sus pies mostruos que simbolizan a los enemigos.

Breitenfeld, gran triunfo del rey de Suecia, sentó las bases de un cambio radical en el arte de la guerra en Europa. Un año más tarde, Gustavo Adolfo condujo a sus tropas a otra victoria, en Lützen, pero murió en el curso de la batalla.  

La batalla de Breitenfeld no merece el calificativo de decisiva por el hecho, de suma importancia, de que fuera la primera en que se pusieron a prueba unas nuevas tácticas que desbancaron a las que parecían inamovibles y que, según algunos autores, pueda considerarse como la primera gran batalla de la época moderna, sino más bien porque echó por tierra el reforzamiento de la Liga e impidió que Alemania se convirtiese en la gran potencia católica de la Casa de Austria.  

De esta batalla se ha dicho que fue “la tumba del Edicto de Restitución” y que “supuso para Alemania lo que Naseby para Inglaterra”, Gustavo se convirtió en un auténtico paladín del protestantismo, pues con él había emergido un ejército que había sido capaz de demostrar que el orden y la obediencia no servían de nada a menos que estuviesen apoyados por la iniciativa individual.  

Este principio no se reflejó exclusivamente en el campo de batalla, sino que con el tiempo iba a repercutir también en la moral y en la política, en la literatura y en la ciencia.


Imagen principal: Gustavo Adolfo,”el León del Norte”, en la batalla de Breitenfeld, retratado por Jean Walther. 


Bibliografía: 

Geoffrey Parker. La guerra dei trent’anni. Vita e Pensiero, 1996.

AA.VV. Army of Gustavus Adolphus, voll. 1 e 2. Osprey Publishing, 1996.

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