La forzada apertura del Japón

La forzada apertura del Japón que le permitió en adelante, ser parte del grupo de potencias “modernas” se puede datar con gran precisión. La nueva era en la historia del sol naciente comienza en 1853.

Antes de esta fecha, la elite de los samurái al poder del país, había impuesto una política de aislamiento del resto del mundo. Con pocas excepciones, a los ciudadanos de otros países no se les permitió entrar en el territorio japonés y a los japoneses se les prohibió salir del mismo, sin autorización del gobierno; aquellos que transgredían estas reglas podrían ser castigados con la pena de muerte.

El único contacto oficial de Japón con el mundo occidental estaba representado por una pequeña colonia holandesa establecida en la isla artificial de Dejima, en la bahía de Nagasaki. Los holandeses podían negociar con el imperio, pero no podían pisar el sagrado suelo de Japón. Por otra parte, el cristianismo fue prohibido y el estudio de la cultura y los idiomas occidentales se limitaba a un pequeño círculo de samurái.

La política Sakoku, literalmente; país encadenado, que ha caracterizado al Japón durante el período Edo, terminó en el siglo XIX debido a la irresistible presión exterior. Los países que más han contribuido a romper el aislamiento japonés fueron Rusia, Gran Bretaña y los Estados Unidos, cada uno impulsado por la ambición y contingencias específicas.

Rusia fue la primer potencia que desafió las leyes restrictivas de Japón. A mediados del siglo XVII, Los cosacos rusos, luego de cruzar la Siberia, han ido hacia el sur a través de las islas Kuriles y la isla de Sajalín, llegando al territorio japonés de Ezo (hoy llamado Hokkaido).

A su llegada, este territorio estaba escasamente poblado y era poco atractivo desde el punto de vista comercial. Sin embargo, con el tiempo se convertiría en un importante proveedor de productos de mar y de pieles para el mercado de Nagasaki. Los repetidos intentos del Gobierno de Rusia para establecer relaciones comerciales oficiales con Japón fueron siempre infructuosos. Ninguna otra iniciativa partió de Moscú, al menos hasta que las intenciones de los Estados Unidos se hicieron manifiestas a toda la comunidad internacional.

La única oportunidad real que tuvieron los Estados Unidos. para abrir el comercio y las relaciones diplomáticas con Japón antes del éxito de Perry, fue con Robert Stewart, que realizó varios viajes comerciales a Nagasaki con la intención de desarrollar un comercio estadounidense como los holandeses y los chinos, y en las mismas condiciones. Pero sus peticiones siempre fueron negadas.

Desde mediados del siglo XIX el interés de los Estados Unidos a la apertura de Japón era considerable. La conquista de los territorios del oeste habían provocado un comercio trasatlántico hacia el occidente. Los balleneros y los clíperes que cruzaban el Pacífico para llegar a China, necesitaban suministros, tanto de víveres como de carbón y ya que las naves estadounidenses eran siempre más numerosas y las inversiones siempre más abundantes, el problema de encontrar nuevas escalas para el reabastecimiento era concreto.

Sobre la base de estos desarrollos, a finales de los años 40 un grupo de comerciantes de Nueva York y Baltimore, buscaron el apoyo del gobierno de Estados Unidos con un preciso y detallado pedido de una expedición naval a Japón para incluir el país en su red comercial. Las empresas estadounidenses estaban buscando nuevos espacios a través del Pacífico, centrándose en los países tecnológicamente menos desarrollados y por lo tanto menos poderosos que los países europeos.

En cuanto a Londres, el interés de Gran Bretaña por Japón fue cambiando a lo largo de los siglos, subordinado y condicionado a la evolución de la política británica en las colonias de la India y China. El gobierno británico mostraba hacia Japón una actitud de cautela en general: su posición geográfica extrema, en el borde de la zona comercial ya remota, hacia del archipiélago japonés un mercado costoso y poco rentable.

Las repercusiones de la Guerra del Opio (1839-1842) han cambiado la consideración inglesa sobre el tema japonés. La apertura de cinco puertos a lo largo de la costa china, tras la firma de tratados desiguales, había facilitado el acercamiento a Japón.

En los años inmediatamente posteriores al conflicto (por lo menos hasta 1854) Gran Bretaña aún no había establecido una política sobre el Japón. Los planes estadounidenses de la expedición de Perry llevaron a la Gran Bretaña a organizarse para una acción concreta.

Comodoro Matthew Perry

La noticia de que los EE.UU. estaban planeando una expedición al Japón había sido difundida ya a principios del 1852 por una campaña periodística enorme en los Estados Unidos, Europa y la costa china. En 1853, cuatro naves militares, bajo el mando del Comodoro Matthew Perry, aparecieron en la bahía de Edo (ahora Tokio), acercándose peligrosamente a la capital donde los samuráis gobernaban el país en un gobierno, conocido como el Bakufu, que estaba dirigido por un comandante supremo hereditario; el Shogun (comandante del ejército, literalmente) elegido por el poderoso clan Tokugawa. Todo el país estaba dividido en alrededor de 250 dominios, cada una dirigido por un Daimyō (“señor local” y que era como un soberano feudal).

La escuadra naval del Comodoro Perry, estaba compuesta por barcos que nunca se habían visto en Japón. Para el siglo XIX, estos eran los buques de alta tecnología: barcos cuyo propulsor era una rueda con paletas movidas por la fuerza del vapor. La aparición de Perry en la bahía de Edo en julio de 1853 fue ciertamente una sensación: la flota de barcos estadounidenses demostraba la intención precisa que el gobierno de Estados Unidos habría logrado su propósito.

“Las naves negras” de la escuadra naval del Comodoro Perry

Aunque si la expedición había sido cuidadosamente preparada, su éxito se debería a una serie de causas: la crisis interna había hecho del Japón, sin duda, un país incapaz de superar su encierro a la política exterior y la determinación de Occidente a proseguir su camino expansionista. La carrera entre las potencias y el intento de mantener un equilibrio de fuerzas, llevó al Japón a aceptar un frente común para la gestión de los privilegios comerciales que se obtendrían posteriormente.

Los japoneses quedaron impresionados por los modernos barcos de vapor americanos

Los samuráis tenían un año de tiempo, para tomar una decisión sobre la solicitud hecha por Perry y el gobierno de los EEUU., para que los japoneses abrieran sus relaciones con Estados Unidos.

El Bakufu no tenía alternativas reales, y el 31 de marzo de 1854, se decidió a firmar el Tratado de Kanagawa. La política de “país cerrado” que durante dos siglos se había asociado al aislamiento y la seguridad; dejaba de existir y había dado paso a la política de “país abierto”. Japón había dado el primer paso para unirse a la familia de las naciones modernas.

En una primera lectura superficial, los términos del tratado de Kanagawa parecen ser muy modestos. Japón aprobaba de ofrecer hospitalidad a los náufragos (los estadounidenses estaban muy preocupados por los buques balleneros), y de abrir dos puertos al acceso de las mercancías. Los puertos designados fueron a Hakodate y Shimoda. Como dijo más tarde el historiador Tyler Dennett, “el tratado fue mucho más de una convención sobre los náufragos”

La disposición más importante del tratado de 1854 fue la posibilidad de establecer un consulado de Estados Unidos en Shimoda, 18 meses después de la firma del tratado. Aunque si no fue bien entendido por los japoneses de inmediato, esto sentó las bases para la apertura de las relaciones comerciales a gran escala entre Japón y el resto del mundo.

Townsend Harris

El primer cónsul general estadounidense, Townsend Harris, llegó a Shimoda en agosto de 1856 y trabajó meticulosamente durante al menos dos años antes de poder concluir un tratado de comercio con el Bakufu. Pasó gran parte de su tiempo a persuadir a los reacios oficiales del shogun que si no se hacían funcionar las cosas con los EE.UU., pronto los agresivos británicos habrían hecho presión para obtener términos con condiciones más onerosas para el Japón, tal como lo hicieron en China.

El tratado de amistad y comercio entre los Estados Unidos y Japón, también conocido con el nombre de “Tratado Harris”, fue firmado a bordo del USS Powhatan en la bahía de Edo el 29 de julio de 1858, y fue ejecutivo el año siguiente. Con esto, el país se abría a la influencia de los extranjeros y esta influencia extranjera iría más allá de toda imaginación de los japoneses cuando habían empezado a tratar con Perry. No había posibilidad de volver atrás.

El Tratado de Harris, hacia necesario el intercambio de misiones diplomáticas y la apertura de cinco puertos al comercio sin obstáculos. A los ciudadanos estadounidenses se les concedió el derecho de residir en determinados ámbitos, y además, el derecho de disfrutar de los privilegios de Extraterritorialidad.

El tratado también garantizaba ciertos deberes vinculados a la importación, esto significó que el Japón no podría imponer elevadas barreras arancelarias para proteger a las empresas locales. En 1866, las tarifas aduaneras se fijaron en el 5% para casi todos los bienes extranjeros sin especificar cuando estas tarifas deberían cesar.

Tratado de amistad y comercio entre Japon y los Estados Unidos, o tratado Harris

El Tratado de Harris contiene previsiones por medio del cual los japoneses podían comprar o construir en los Estados Unidos; buques de guerra, buques mercantes, barcos balleneros, cañones, municiones, armas de todo tipo y, además, el Bakufu hubiera podido contratar; científicos, asesores militares y artesanos de todo tipo.

Estas previsiones tenían un doble propósito. Por un lado, se esperaba que terminaran las preocupaciones japoneses acerca de la superioridad militar de las potencias extranjeras. Por otro, han abierto las puertas a las operaciones militares rentables. En virtud de estas disposiciones, el Bakufu; hizo la primera compra de tres buques de guerra con ruedas de paletas en 1862.

La firma del Tratado de Harris, fue un regalo del cielo para todas las potencias occidentales que tenían sus ojos puestos en el Japón. En poco tiempo; Holanda, Rusia, Gran Bretaña y Francia obtuvieron tratados bilaterales similares. En la jerga japonesa, estos cuatro países, junto con los Estados Unidos eran conocidos colectivamente como “pueblos de las cinco naciones.”

Los nuevos tratados han profundizado la desigualdad. Fijar las tarifas de importación a niveles bajos, ha dado lugar a desequilibrios en la economía doméstica.

La jurisdicción extraterritorial liberaba a los extranjeros del control legal japonés. Sin embargo, una diferencia importante con los tratados firmados con los chinos era que Japón no tenía que hacer ninguna cesión territorial.

 

En la foto principal: El comodoro Perry, se reúne con la delegación imperial en Yokohama

 

Referencias bibliográficas:

Ian Buruma; Inventing Japan, 2003

Beonio Brocchieri Paolo: la historia de Japón, Milán, Arnoldo Mondadori, 1996.

GattI Francesco: La fabrica de samuráis. Japón del siglo XX, Torino,Mondadori Editore, 2000.

Henry Kissinger, Diplomacy, Nueva York, Simon & Schuster, 1994.

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