La batalla de Crécy, 26 de agosto de 1346

En el año 1337 se produjeron los primeros de una serie de enfrentamientos que debían oponer a Francia e Inglaterra durante 116 años. Las hostilidades alcanzaron su máxima intensidad en 1346, con una serie de asedios y contra asedios en la región de Aquitania.  

Al decidir la invasión del norte de Francia, Eduardo III reclutó un ejército de 10,000 hombres, de los que más de la mitad eran arqueros yeomen. 

El rey embarcó en Portsmouth el 11 de julio de 1346 y desembarcó en Normandía al día siguiente en Saint Vaastel el 12 de julio y durante seis días llegaron a tierra hombres y materiales. En seguida marchó al sur, hacía Saint-Lô, mientras su flota permanecía cerca de la costa.  

Saqueando todo a su paso, los ingleses se encontraban aislados en tierra enemiga y sólo podían marchar hacia Flandes, que permanecía fiel a la corona inglesa.  

En el momento en que su ejército alcanzaba el Somme, cerca de Abbeville, Felipe VI de Francia había reunido a sus tropas, muy superiores en número a las del rey de Inglaterra.  

Al constatar que todos los puentes de la región habían sido cortados o bien estaban muy bien protegidos y que las franceses se aproximaban, Eduardo tenía que encontrar rápidamente un medio para vadear el río y evitar así el embolsa miento.  

El afán de lucro obtuvo el efecto deseado: un tal Gobin Agache puso el oro inglés por encima de la fidelidad a su rey y guió a Eduardo y a sus tropas hasta el vado de Blanque Taque. 

En la otra orilla, 16 km al norte, el rey de Inglaterra se encontraba en una posición defensiva perfecta para el empleo concentrado de sus arqueros. Fue en este lugar, Crécy-en-Ponthieu, donde decidió entablar la batalla.  

Eduardo III de Inglaterra (izq.) con su hijo, el Príncipe Negro.

En la mañana del sábado 26 de agosto, los ingleses se desplegaron a lo largo de una colina orientada en dirección suroeste-nordeste sobre unos 1,8 km entre los pueblos de Crécy y Wadicourt. Detrás de la colina estaba el bosque de Crécy Grange; delante, el terreno que descendía en una suave pendiente despejada.  

La primera línea inglesa se extendía a lo largo de la pendiente, Estaba compuesta por dos grupos de infantes, 1.800 a la derecha y 800 a la izquierda, apoyados a ambos flancos por formaciones de unos 1,000 arqueros dispuestos en saliente.  

Delante de los arqueros se habían cavado fosas y plantado estacas para protegerlos de los ataques de la caballería. Estas defensas debían servir, además, de embudo para canalizar los ataques de la caballería contra la infantería y que quedara expuesta de flanco a las lluvias de flechas. 

Una segunda línea, emplazada en la retaguardia del centro, estaba formada por 700 hombres de armas, con unos 2.000 arqueros dispuestos en los flancos. En esta línea se encontraba Eduardo. 

Finalmente, esa tarde, un vigía apostado en el molino de viento (el otero sobre el que se asentaba existe todavía hoy) anunció el avance de los franceses. Según algunas fuentes de la época, ese ejército estaba formado por 12.000 hombres. Otras afirman que se trataba de 40.000, cifra que parece menos probable.  

Sin embargo, la confusión reinaba en las filas francesas que llegaban por el camino de Abbeville. Felipe VI pensaba vivaquear a la vista del enemigo y no libraría batalla hasta el día siguiente, pero no pudo contener a sus tropas que, impacientes por luchar, se lanzaron hacia Crésy en el más completo desorden.  

No obstante, el ardor combativo de los elementos de la vanguardia se enfrió pronto cuando fueron conscientes de la fuerza de la posición inglesa. Las primeras líneas se detuvieron para retroceder después, lo que trastornó a las fuerzas que avanzaban tras ellos.  

El rey de Francia intentó imponer un poco de orden y mandó avanzar a sus mercenarios genoveses armados con sus voluminosas ballestas, que él consideraba (sin ningún fundamento) mucho más eficaces que los arcos.  


Batalla de Crécy, se puede ver a los arqueros ingleses contra los ballesteros genoveses a las órdenes del rey francés. 

La batalla, pues, comenzó con una lluvia de dardos disparados por los ballesteros genoveses. Los yeomen de Eduardo respondieron con un avance y una lluvia de flechas sobre los genoveses, que perdieron sus posiciones. Un ligero cambio en el tiro y los caballeros franceses pasaron a ser el nuevo objetivo de los arqueros ingleses. 

Entre los genoveses que huían y los caballos que coceaban y se encabritaban, las primeras líneas francesas estaban cubiertas de muertos y heridos, lo que no impidió que los caballeros emplazados en la retaguardia espolearan sus monturas excitados por la batalla.  

Avanzaron al galope, golpeando a los genoveses con sus espadas para poder pasar entre ellos. Ascendieron por la pendiente a la carga, en línea recta hacia los ingleses tal como lo había previsto Eduardo, y fueron aniquilados por una infinidad de flechas disparadas por miles de arqueros.  

Anochecía ya cuando los últimos caballeros franceses lanzaron su decimoquinta carga, que fue rechazada al igual que las anteriores. Se ha calculado que los franceses dejaron 10,000 muertos sobre el campo. Esta cifra parece un poco excesiva; lo que sí es seguro es que Juan de Luxemburgo, rey de Bohemia, que estaba casi ciego, el duque de Lorena, diez condes y más de 1.500 caballeros murieron sobre el campo de batalla de Crécy. 

Las pérdidas inglesas se evaluaron en un centenar de hombres, cálculo que resulta demasiado bajo dada la duración de los combates y los efectivos en lucha. En la práctica, la consecuencia principal de la batalla de Crécy, más que la gesta de armas por sí misma, fue que convirtió a Inglaterra en una nación militar.  

Desde ese momento, fue tal su prestigio en ese sentido que en muchas ocasiones los propios ingleses hubieron de esforzarse para poder estar a la altura de la fama conseguida.  

La única ganancia estratégica de la campaña fue Calais, conquistada por Eduardo III en agosto de 1347 y que, convertida en plaza fuerte, perteneció a Inglaterra hasta que fue reconquistada por el duque de Guisa en enero de 1558. 

Durante la guerra de los Cien Años, Francia estaba cinco veces más poblada que Inglaterra y poseía más riquezas naturales. Las derrotas sufridas por los franceses se debieron, en gran parte, al impresionante alcance del arco inglés y a su rapidez de tiro. ¿Por qué los franceses no habían adoptada esta arma? La respuesta radica en gran medida en la rigidez del sistema feudal francés.  

Para los señores era impensable la idea de combatir con simples yeomen ingleses. Incluso después de Crécy se mostraron remisos a la hora de poner en práctica la lección.  

De igual modo, menospreciaban la vida de sus campesinos y no se dignaron gastar ningún dinero en armarlos o entrenarlos periódicamente. Además, temían poner un arma tan formidable en manos de gentes que podrían rebelarse y utilizarla contra ellos.  

De ahí provinieron todos sus reveses, que culminaron en la batalla de Azincourt en 1415 con la pérdida de considerables territorios que ni siquiera lograron reconquistar en su totalidad durante el reinado de Enrique IV de Inglaterra. 


Imagen principal:   

Pintura histórica de Julian Russel (1888). Ultimo momento de la batalla de Crécy. La fascinante figura del Príncipe Negro, Eduardo Woodstock heredero a la corona. La figura oscura y dramática del príncipe contrasta, a la derecha, con el cuerpo sin vida de Juan el rey de Bohemia en su túnica blanca, aplastada por su corcel. 

A la izquierda, las tropas inglesas reunidas solemnemente como su amo, hacen un homenaje descarnado al adversario y al valiente guerrero, que las crónicas relatan haya participado a la batalla estando casi ciego. 

Hay detalles históricos, tomados de la crónica de Jean Froissart, como los cuervos, que parecen revolotear siniestramente en el campo de batalla, el molino (arriba a la derecha), y una ballesta (abandonada en la parte inferior izquierda) utilizada por los mercenarios genoveses a sueldo de Francia. 


Bibliografía: 

La guerra dei cent’anniEserciti e società alla fine del Medioevo. Christopher Allmand. Milano, Garzanti, 1990 

La guerre de Cent Ans. Parigi, Eduardo Perroy. Gallimard, 1945. 

4 comentarios sobre “La batalla de Crécy, 26 de agosto de 1346

  1. Un relato muy interesante, justamente buscaba datos sobre esta batalla después de leer el articulo sobre la guerra de los cien años. Gracias!!!

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