El pueblo sículo

Por su extensión (más de 25.000 km cuadrados) y sobre todo por su feliz y crucial posición geográfica, Sicilia ha sido una de las áreas más importantes de la prehistoria y la historia de la cuenca del Mediterráneo.  

A comienzos del s. VIII a.C., la isla fue alcanzada por la colonización griega, un acontecimiento que algunos señalan como el inicio propiamente dicho de la historia sícula. En el pasado la colonización era vista como una especie de «inyección de civilización» en una tierra aún tosca y culturalmente poco desarrollada. Con el paso del tiempo la investigación histórica y arqueológica ha revolucionado esta concepción. 

Estudios posteriores prestaron mayor atención a las poblaciones indígenas de Sicilia que entraron en contacto con los colonos griegos. El pueblo más directamente interesado por la oleada colonizadora helénica es el de los sículos, que vivía en el área oriental de la isla.  

Las vicisitudes relativas a la historia de este pueblo fueron descritas ya en época antigua: el testimonio que más coincide con los resultados de la investigación arqueológica es el de Tucídides, célebre historiador ateniense del s. V a.C. En el libro VI de las Historias, Tucídides cuenta que «los sículos de Italia (donde habitaban) pasaron a Sicilia, huyendo de los opicios, en balsas, […] tras esperar que soplara un viento favorable o quizá desembarcando de otro modo. […] Llegados a Sicilia, vencieron en batalla a los sicanos, los empujaron hacia las zonas meridionales y occidentales del país e hicieron que la tierra se llamase Sikelia en vez de Sikania.  

La habitaron poseyendo, después de la travesía, las mejores tierras, cerca de 300 años antes de la llegada de los griegos a Sicilia. También ahora poseen las regiones centrales y las boreales». Considerando que la fundación de Naxos y la de Siracusa tuvieron lugar respectivamente en el 734 y el 733 a.C., la llegada de los sículos se remontaría, pues, al último tercio del s. XI a.C. Según los arqueólogos, este momento correspondería a la fase de transición entre la Edad del Bronce y la Edad del Hierro.  

La cultura de los sículos constituye, de hecho, un desarrollo de la fase más tardía de la cultura apenínica, en un arco de tiempo que va del 1000 al 650 a.C. Esta última fecha, en realidad, aunque no marca el fin de la historia de los sículos, indica el inicio de un proceso de asimilación a través del cual fueron perdiendo cada vez más su identidad cultural bajo la fuerte influencia debida a la presencia helénica. La época de los sículos se extinguió definitivamente en el s. V a.C., después del fracaso de los intentos de liberación del control de las colonias griegas, iniciados a mediados del s. VI y a mediados del s. V a.C. 

El segundo intento fue el más decidido y fue dirigido por Duketio (o Ducetio), rey de la ciudad de Mene (Mineo, cerca de Caltagirone, en la actual provincia de Catania). Duketio se había aliado con los demócratas siracusanos en la expedición contra Diomedes, hijo de Hierón, tirano de Siracusa, y, después de la captura y la muerte de Diomedes, consiguió conquistar Morgancia. Estimuladas por este éxito, las ciudades sículas se reunieron en una alianza bajo la égida de Duketio, que fundó la ciudad de Palica (Palagonia) para convertirla en la capital del nuevo Estado.  

Sobre la ola de los éxitos obtenidos, Duketio decidió agrandar el territorio de los sículos y atacó a los agrigentinos y a los siracusanos. Inicialmente obtuvo algunas victorias y consiguió conquistar, además, la fortaleza de Mozia, pero las fuerzas aliadas de los siracusanos y de los agrigentinos le ganaron finalmente en la batalla de Nomai (451-450 a.C.). Duketio, perdonado por los vencedores, fue enviado al exilio en Corinto, pero logró volver a Sicilia, donde, de acuerdo con los siracusanos, fundó la ciudad de Calacte (448-447 a.C.). Murió pocos años más tarde, en el 440 a.C., mientras con toda probabilidad proyectaba nuevas campañas de lucha por la independencia de su pueblo. 

Además de confirmar de modo más o menos puntual los testimonios de los antiguos escritores, la investigación arqueológica ha proporcionado muchos datos sobre las principales características del pueblo sículo.  

Un guerrero sículo representado en una vasija siracusana.

Uno de los elementos más importantes es la vocación guerrera de estas gentes, una vocación alimentada por el estado de perenne conflictividad de la Sicilia de época griega y que se transformó muy pronto en actividad mercenaria, dirigida por las élites militares que detentaban el control de las comunidades sículas. Lo prueban, por ejemplo, las armas presentes en muchos ajuares funerarios, los cinturones en bronce y, sobre todo, las estatuillas de guerreros que constituyen, sin duda, el núcleo sobresaliente de la producción artesanal.  

La principal actividad productiva fue, de todos modos, la agricultura, que contribuyó no solamente a la subsistencia de las comunidades indígenas sino también al aprovisionamiento de las ciudades griegas, y fue la base de la transformación de Sicilia en el «granero» del mundo romano. Junto a la práctica de la agricultura se desarrollaba seguramente la del pastoreo, una de las herencias más evidentes de la tradición apenínica de la Edad del Bronce. 

Entre las actividades artesanales sobresalen la elaboración del metal y la de la arcilla, que se expresa sobre todo en una vasta producción de vajillas; con seguridad también había talleres de orfebrería.

 

 

En la imagen de cabecera: Duketiorey de los sículos indica el lugar donde surgirá la ciudad de Netum (Fresco de A. Mazza, siglo XVIII. Palacio Ducezio de Noto. Sicilia).

 

 

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