Comercio y cultura durante las Cruzadas

La Cruzada no tiene en sus orígenes móviles comerciales ni pretende ampliar los conocimientos de Occidente, pero su realización hace posible la apertura de nuevas rutas que ponen en contacto a Occidente con el mundo árabe, indio y chino, tanto desde el punto de vista del comercio como de la cultura.  

El comercio internacional mediterráneo no desapareció con las invasiones de los pueblos germánicos y mientras Bizancio mantenga el control de parte del territorio italiano se mantendrá un activo comercio, aunque desde el siglo VIII Bizancio pierde importancia económica al convertirse el Mediterráneo en un mar musulmán.  

El eje comercial mediterráneo heredado de Roma será ampliado por los musulmanes a través de rutas que por mar o por tierra unen la Península con el norte de África, Egipto, Siria, donde una ruta parte hacia Arabia y el mar Rojo para unirse con las vías procedentes de la India; otra llega hasta Bagdad, donde confluyen productos de Rusia y China.  

Por otra parte, musulmanes e italianos comercian entre sí pese a las prohibiciones eclesiásticas, incumplidas por la propia Iglesia que escribe en papiros egipcios la orden de no comerciar con el Islam.  

El dominio normando en el sur de Italia (1029-1091) pone fin al eje comercial Nápoles-Constantinopla, pero acentúa las relaciones con el norte de África, donde el Islam, dividido, facilita la actuación comercial normanda a la que se unen pronto ciudades como Pisa y Génova (fines del siglo XI) y más tarde Barcelona.  

Las Cruzadas son la gran ocasión para las ciudades italianas: Génova apoyó al normando Bohemundo de Tarento y situó a sus mercaderes en Antioquía; Pisa y Venecia pusieron sus barcos a disposición de los cruzados y las tres ciudades recibieron importantes privilegios comerciales y políticos que permitieron a los mercaderes italianos evitar a los intermediarios árabes de Siria y entrar en contacto directo con las caravanas asiáticas.  

A medida que Bizancio ha perdido importancia, su comercio va quedando en manos de Venecia, a cuyo monopolio se oponen Pisa y Génova que obtienen importantes privilegios en 1111 y 1155, lo que da lugar a un enfrentamiento militar entre las ciudades comerciales al que hay que achacar en parte el fracaso de las Cruzadas al posponer los intereses militares y religiosos a los mercantiles. 

Venecia decidió anular a sus rivales o al menos contrarrestar la importancia adquirida por Génova en Siria, y desde 1204, Bizancio es un imperio en manos de los latinos enteramente sometido a los intereses comerciales de Venecia.  

Pisa quedó reducida al Mediterráneo occidental, pero Génova jugó la carta política griega y apoyó al Imperio de Nicea con lo que al triunfar éste pasó a controlar la ruta de caravanas que unía el mar Negro con China por el sur de Siberia.  

En la orilla sur del Mediterráneo oriental, Venecia se halla igualmente bien establecida tras derrotar a la flota egipcia en 1123. Sus mercaderes se establecen en El Cairo, Alejandría y Damietta desde donde controlan las caravanas asiáticas del sur y las procedentes del Sudán africano.  

Génova intentó competir también en este terreno y prestó su apoyo a la Cruzada dirigida por Luis IX de Francia contra Egipto. En el Mediterráneo occidental, el comercio norte-africano está controlado por Génova, Pisa y Barcelona.  

Por las manos de estos mercaderes pasan telas, plata, madera, armas y esclavos occidentales hacia los países islámicos, así como pieles de Rusia, caviar y pescado del Cáucaso, esclavos de Crimea y circasianos y trigo del Danubio y de Ucrania, que genoveses y venecianos venden a islamitas y occidentales, así como el trigo de Sicilia y Apulia, la sal de Provenza, Ibiza y Cerdeña, el vino de Creta, Chipre e Italia del sur.  

Del Islam reciben alumbre desde Asia Menor, algodón de Siria, especias de Oriente, lanas y acero de África del norte. La presencia de las ciudades italianas en los dominios de los cruzados y en Bizancio elimina a los intermediarios musulmanes de la costa, pero no a las grandes caravanas asiáticas cuyas rutas comienzan a ser conocidas en Europa a partir del siglo XIII gracias a los viajes de los embajadores-misioneros enviados a los mongoles.  

Marco Polo, parte desde Venecia

A los clérigos seguirán los mercaderes, encabezados por los venecianos Nicolás y Mateo Polo, que llegan a China en un largo viaje iniciado en 1252 y terminado quince años más tarde; en un viaje posterior irán acompañados por Marco Polo, hijo de Nicolás, al que se debe una descripción de Asia que completa los relatos hechos por los misioneros.

 
Cultura de Oriente

Cuando Urbano II pedía a los caballeros que acudieran a luchar contra los bárbaros ignoraba sin duda que el Islam había alcanzado un nivel de conocimientos y cultura muy superior al de Occidente.  

A través del Islam llegarán a Europa, traducidas al árabe y del árabe al latín, las obras de los filósofos, médicos, astrónomos… griegos, enriquecidas con las aportaciones hindúes y con los descubrimientos realizados por los musulmanes en Arabia, Persia, Egipto o al-Andalus.  

Muchas de estas obras serán traducidas al latín y a las lenguas romances en el sur de Italia y en la Península Ibérica o son conocidas en la versión árabe cuando Occidente, sin renunciar a la guerra, pretende convencer, convertir a los infieles.  

Incluso sin las Cruzadas, el pensamiento greco-árabe habría llegado a Occidente, pero no hay duda de que cruzados y peregrinos despertaron la curiosidad y el interés de personas como Pedro el Venerable, abad de Cluny, que hizo traducir el Corán a mediados del siglo XII para poder refutar, con conocimiento de causa, la doctrina islámica, aventura en la que le seguirá Ramón Llull, que aprende el árabe y en esta lengua escribe obras para convertir a los musulmanes al cristianismo.  

De una manera directa, las Cruzadas han aportado poco a la cultura de Occidente, que debe a los contactos cruzados-musulmanes una forma de cortesía, de respeto al adversario, que ha contribuido a desarrollar el espíritu caballeresco; desde el punto de vista militar, Occidente ha copiado el modelo de fortaleza musulmana de Siria y Palestina… y, sin duda, hubo una cierta curiosidad por conocer la religión y la literatura musulmanas, pero la contribución cultural del Islam no se realiza a través de las Cruzadas sino desde Italia y la Península Ibérica; las Cruzadas han contribuido a difundir este interés, han dado mayor resonancia a cuanto proviene del mundo oriental.  


Bibliografía:

  • Las Cruzadas, R. Grousset, Buenos Aires, 1965.
  • Las Cruzadas, Barcelona, Oldenburg, 1974.
  • Los hombres de las Cruzadas, Regine Permond, Madrid, 1987.
  • Historia de las Cruzadas, Mijail Zavorov, Madrid, 1979

5 comentarios sobre “Comercio y cultura durante las Cruzadas

  1. Me interesa mucho este periodo de la historia, por suerte alguien que escribe sobre aspectos relacionados con las Cruzadas . Felicitaciones!
    Isabel

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