Los acueductos de Roma

Hablaremos de los acueductos y en particular de los acueductos de la ciudad de Roma. Una de las obras más imponentes e importantes que los antiguos romanos han realizado. Para hacer frente al insuficiente suministro de agua, de los pozos o del rio Tíber, desde el siglo IV antes de Cristo, se construyeron acueductos para traer agua fresca a la ciudad de Roma. 

Los acueductos no solo servían para satisfacer las necesidades de agua a los ciudadanos romanos, la realización de un acueducto se ha convertido en el tiempo, como la afirmación del poder. Una ciudad que lograba construir estas obras esplendidas dejaba bien claro ante los demás, su posición de potencia central. 

En el año 95 después de Cristo, Sexto Julio Frontino; un importante político y aristócrata romano, fue nombrado comisionado de los acueductos de la capital imperial (curator aquarum) por el emperador Nerva, esto le llevó a escribir un informe llamado De aquaeductu. En la obra se recogen todo tipo de noticias: caudal, trayecto del acueducto, organización del personal, etc.  

Aquí tenemos algo de lo que nos dice Frontino acerca de los acueductos: “En los 441 años siguientes a la fundación de Roma, los romanos decidieron utilizar las aguas extraídas del rio Tíber, de los pozos y de los manantiales. La memoria de los manantiales todavía está conectada con un elemento sagrado, que es un tema de adoración: se cree que pueden curar las enfermedades, como es el caso de las fuentes de CameneApollinare y Giuturna. Ahora, sin embargo, fluyen a la ciudad las aguas de los acueductos el Aqua Appia, el Aqua Alsietina, el Aqua Tepula, el Anio Novus, el Aqua Virgo, el Aqua Claudia y el Aqua Traiana  

Gracias a los acueductos construidos desde el año 312 a.C., Roma tenía una gran cantidad de agua para distribuir entre las fuentes públicas, los baños, termas, las piscinas y en las casas privadas de algunos pocos privilegiados. 

Para determinar el curso del futuro acueducto, los técnicos (Libratores) utilizaron herramientas como el “chorobate, Era una herramienta utilizada por los romanos durante la ejecución de las obras para las que se necesitaba un perfecto conocimiento de la horizontalidad y la pendiente, como en el caso de los acueductos.  

El dispositivo consiste en un tablero plano con una longitud de aproximadamente 6 metros (20 pies romanos) provisto de patas de soporte en los extremos y travesaños y refuerzos capaces de evitar deformaciones. La superficie de la mesa tiene un canal excavado en la propia madera para contener el agua que proporcionaba el nivel horizontal. 

El chorobate una herramienta fundamental

Los ingenieros romanos tuvieron que superar una serie de cuestiones no indiferentes, en primer lugar el “motor” para mover las aguas y lo encontraron en la fuerza de la gravedad. 

Se dieron cuenta de que al mantener la pendiente del acueducto durante todo el trayecto, el agua, aprovechando la fuerza de la gravedad, llegaría a la ciudad. También era indispensable saber cómo elegir la fuente correcta para que el agua corriera en todas las estaciones del año sin períodos de sequía o de inundaciones. 

Se procedía a la creación de una cuenca hidrográfica, (caput aquae), a través de presas en el caso de las aguas superficiales; y para las aguas subterráneas, se cavaron pozos para concentrar el agua en un solo conducto. Posteriormente, el agua se colocaba en las piscinas o tanques de decantación (Limariae) para la eliminación de impurezas. 

El canal de conducción (specus) era lo suficientemente grande como para permitir que el encargado del mantenimiento pudiera caminar dentro. 

Debido al terreno, algunas partes del acueducto corrían en la superficie. Para superar esto, una solución consistió en construir un viaducto o puente para llegar al otro lado de la pendiente, luego, el recorrido volvía a ser subterráneo. 

Otra técnica utilizada fue la del sifón invertido: antes de pasar una garganta o una pared empinada, el agua era transportada a un tanque desde el cual a través de la fuerza de gravedad, un conducto, la llevaba al fondo del precipicio, para luego hacerla subir al lado opuesto, donde alcanzaba una segundo cisterna. 

Esta técnica no se usó demasiado ya que los tubos utilizados por los romanos (de terracota) no eran aptos para soportar una presión de agua tan alta. Más a menudo los ingenieros prefirieron extender la ruta del acueducto para explotar las características naturales del terreno. 

Al final del recorrido estaba el castellum aquae, un edificio del que se distribuía el agua a toda la ciudad. A veces este edificio podría tener la apariencia de una fuente monumental: este es el caso de los restos conocidos como los “Trofeos de Mario” en la Plaza Vittorio Emanuele en Roma. 

Esquema de un acueducto romano

En el período republicano, el cuidado aquarum fue confiado al censor, un magistrado encargado de las obras públicas, generalmente acompañado por un “edile. El censor encargaba la construcción del acueducto a través de una licitación, interviniendo solamente para controlar las pruebas de apertura. 

En el período imperial, sin embargo, Augusto confió la gestión de los acueductos a tres senadores: uno de ellos, asumió el título de “curator aquarum”. 

Como era un titulo consular, este magistrado tenía el poder absoluto de manejar todo lo que pertenecía al agua: intervenciones, mantenimiento, flujo, etc. Desde Diocleciano, esta cargo fue confiada al prefectus urbi”. 

 

Veamos ahora desde el más antiguo al mas reciente los acueductos de Roma que mencionaba Frontino en su obra: 

 Aqua Appia 

Es el más antiguo construido en Roma para hacer frente a la escasez de agua que se produjo como resultado del aumento de la población. 

Diseñado y establecido por el censor Claudius Venox, fue construido por Appio Claudio Cieco, en el 312 a.C., su colega del consulado, que logrando extender la expiración de su mandato, dio el nombre a la obra. Lamentablemente no se conoce el lugar exacto donde se encontraba la fuente se presume que se haya secado a lo largo de los siglos. 

La ruta subterránea entera, era de 16 kilómetros de largo y tenía una capacidad de 73.000 m3 por día. El acueducto entró en la ciudad en la zona de Spes Vetus (el nombre de un antiguo templo dedicado a la diosa de la Esperanza, erigido en el 477 a.C.), donde ahora se encuentra Porta Maggiore; y se extendía hasta el Foro Boario, donde unos veinte castellum aquae distribuían el agua publica. Fue restaurado tres veces. 

 

Anio Vetus 

En el año 272 a.C., unos 40 años después del primer acueducto, fue construido por Manio Curio Dentato. 

El acueducto recibió las aguas del río Aniene, cerca de Tivoli. Desafortunadamente, su declive en las sequías y su baja pureza, después de las lluvias plenas y abundantes, hicieron que en el período imperial sus aguas fueran destinadas a irrigar villas y alimentar fuentes. 

El acueducto entró en la ciudad en Spes Vetus, cruzó el Esquilino y luego terminó cerca de la actual estación ferroviaria de Termini. 

 

Aqua Marcia 

El tercer acueducto de la ciudad fue realizado por el Praetor Q. Marcius Rex en el 144 d.C., El agua siempre proviene de la cuenca Aniene y la fuente, todavía existente, se encuentra en el municipio de Marano Equo. 

La ruta del acueducto incluía una parte subterránea y una parte de arcadas, con una longitud total de 91 km. Como en el caso anterior, llegó a la ciudad en Spes Vetus, siguiendo el camino de las Murallas Aurelianas, que incorporaron parcialmente los arcos, hasta la Porta Tiburtina y luego se abrieron cerca de la Estación de Termini. Una rama secundaria proporcionaba agua a las colinas del Aventino y Celio. 

El agua fue considerada como la mejor de la ciudad tanto que Plinio el Viejo, en su “Historia Natural”, la llamó clarissima aquarum omnium. 

 

Aqua Tepula 

El cuarto acueducto de la era republicana fue construido en el 125 a.C., Por dos censores: Servillo Cepione y Cassio Longino. 

Los manantiales, situados en el área de los Colli Albani, entre las actuales poblaciones Marino y Grottaferrata, toma su nombre de la temperatura bastante alta del agua (16-17 grados). También entraba a la ciudad en Spes Vetus, siguiendo el mismo curso que el Aqua Marcia. Su capacidad era de 17.800 m3, una de las más bajas. 

 

Aqua Iulia 

Fue construido en el 33 a.C. Por Agrippa, el yerno de Augusto, y dedicado a la Gens Iulia de la cual el emperador era parte. Como con los acueductos anteriores, Aqua Iulia llegó a Roma por Spes Vetus, siguiendo el mismo curso que el Aqua Marcia. Más tarde se unió al Aqua Tepula y juntos pudieron abastecer el Quirinal, el Capitolio, el Esquilino, el Celio, el Palatino y el Foro Romano. 

 

Aqua Virgo 

Según una antigua leyenda, el acueducto toma el nombre de “Virgen” en honor de una joven muchacha que señaló a unos soldados, el sitio de la fuente. Fue construido en el 19 a.C., Por Agrippa y su función principal era la de suministrar agua a las Termas de Agrippa. 

Este acueducto siguió un camino diferente al de los otros: desde los manantiales de Salone, cerca de aquel de Aqua Iulia, y llegó a Roma a los pies del monte Pincio. 

La ruta era muy amplia y pasaba cerca de Plaza de España, el Panteón, para llegar hasta las termas de Agrippa, Es la misma agua que actualmente está alimentando la Fuente de Trevi. 

El Aqua Virgo debajo de la Fontana de Trevi

 

Aqua Alsietina 

También llamado Aqua Augusta, ya que fue el Emperador Augusto quien la llevó a Roma en el siglo II a.C., para usarlo principalmente en las “Naumachie (batallas navales). 

Según Frontino el agua, no se podía beber y se ha utilizado para riego. Como no se trataba de un agua potable, no tenia una cuenca de decantación, como en el caso del agua destinada al consumo de alimentos. 

Casi enteramente subterráneo, su trayecto alcanzaba finalmente el área que hoy ocupa la Villa Doria Pamphili, entrando en la ciudad cerca de Porta San Pancrazio, continuaba hasta Trastevere, donde estaba el muelle para la Naumachia de Augusto. 

 

Aqua Claudia 

Iniciado por el emperador Caligula en el año 38 d.C. y completado por Claudio en el 52 d.C., es el acueducto más importante en la ciudad, tanto por la gran suma de dinero gastado para su construcción, como por las tecnologías utilizadas. 

El agua fue capturada de dos manantiales, Ceruleo y Curzio, el conducto siguió el curso del río Aniene, llegando a Tivoli. Durante más de 4 km, el acueducto corría sobre arcos, hoy todavía visibles en el “Parque de los acueductos”. Entraba en la ciudad en la zona Spes VetusPorta Maggiore, y más tarde se unió a la Muralla Aureliana, aún se puede ver el doble conducto del Acqua Claudia y el Anio Novus. 

Restos de los acueductos Aqua Claudia y Anio Novus, integrados como portones de la Muralla Aureliana en el año 271

Una rama secundaria fue erigida por Neron, que dirigió las aguas a la Domus Aurea. El emperador Domiziano extendió esta segunda rama con el objetivo de abastecer al Palacio Imperial del Palatino. En siglo III, otra rama condujo al agua a Trastevere. 

Anio Novus 

Como el anterior, fue iniciado por Calígula en 38 d.C., y fue terminado por Claudio en 52 d.C., tomó las aguas del río Aniene y el adjetivo Novusservía para diferenciarlo del Anio Vetus (viejo). 

La ruta que siguió fue la más larga de todos los acueductos: unos 87 km, de los cuales sólo catorce en la superficie y algunos, coincidiendo con el Aqua Claudia. 

 

Aqua Traiana 

Fue construido por el emperador Trajano en el año 109 d.C., sobre todo para servir al barrio de Trastevere y para sustituir el Aqua Alsietina que como recordamos; había sido construido con el fin de llevar agua para la naumachia de Augusto, el agua por ello no era potable. Fue construido después del informe de Frontino, por lo tanto, las noticias no son tan afidables. 

Las fuentes utilizadas fueron las ubicadas en el lado occidental del lago de Bracciano. El agua entró en la ciudad desde el Janículo y se mantuvo en funcionamiento hasta la llegada de los godos en el 537. Para celebrar la finalización de su trabajo, Trajano emitió un sestercio de bronce, con su propia imagen y en el reverso, la imagen de una divinidad acostada representando el acueducto. 

Durante la Edad Media, el acueducto fue re-enlazado varias veces, pero nunca funcionó como antes; en el siglo XVII, se restauró por completo gracias al Papa Pablo V y, en su honor, fue llamado Acqua Paola. De hecho, el Papa pretendía, sobre todo, crear una considerable reserva de agua para los jardines de su residencia. El conducto terminó en el Janículo con la majestuosa fuente del Aqua Paola. 

El emperador Trajano emitió un sesterzio de bronce para celebrar la finalización del acueducto

 

Aqua Alexandriana 

El último de los once acueductos de la antigua Roma fue construido en el año 226 d.C., por el emperador Alessandro Severo, para abastecer las Termas Alessandrine. 

Las aguas venían del Pantano Borghese y llegaban a Roma casi exclusivamente en arcadas (las secciones subterráneas eran escasas), Ahora los mismos manantiales son utilizados por el Aqua Felice, construido por el Papa Sisto V. 

 

Este breve repaso de los primeros acueductos de Roma que nos hizo llegar con su obra Frontino, nos da la idea de la complejidad de abastecer de agua, una ciudad que continuaba a crecer y que estaba destinada a ser eterna.

 

 

 

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