Las Cruzadas – Los origenes – Parte 2

En occidente ya había nacido esta idea de ayudar el oriente cristiano, también porque occidente no se ha olvidado jamás de Jerusalén, pensemos a los Carolingios; Carlo Magno había ayudado muchas veces a los cristianos de Jerusalén, por ejemplo, construyendo hospitales y también su hijo; Ludovico Pío, había además instituido una tasa a sus súbditos para ayudar a los cristianos de Tierra Santa.

Y durante siglos; los peregrinajes, el viaje a los lugares sagrados; de los cuales, los motivos podían y pueden también hoy, ser muchos: la devoción, o la penitencia, pero el elemento mas importante es la fe. Las metas pueden ser varias: por ejemplo, Santiago de Compostela, Finisterre allí donde termina Europa y comienza el vasto océano, la misma Roma.

Sin embargo Jerusalén; tenia un atractivo y una fascinación enorme a los ojos de los cristianos de la edad media. Jerusalén porque era la cuna, era donde había nacido el cristianismo, donde vivió Cristo, donde posó sus pies. Pero también están Belén, Nazareth, el mar de Galilea o lago de Tiberiades, el rio Jordán. Etc.

Muchos peregrinajes, ya se dirigían desde occidente a la Tierra Santa; en el año 1026, unos 700 peregrinos siguen al Conde de Angulema hacia la ciudad santa y entre el 1064 y el 1065, peregrinan unos 7000 alemanes, organizados por cuatro obispos del reino de Alemania. Hay muchos más peregrinajes sobre todo en la etapa sucesiva a la batalla de Mantzikert en el año 1071, es decir que la relación entre Tierra Santa y occidente era fuerte.

Las noticias de las sucesivas destrucciones del santo sepulcro y lo que cuentan los peregrinos a su regreso de la Tierra Santa, golpea la conciencia de los cristianos de occidente y hemos visto en el capitulo anterior, Gregorio VII, había intentado organizar lo que hubiera sido la primera cruzada, no lo logró, pero la idea de una “guerra santa, es decir; la guerra que al que participa le abre las puertas del paraíso, circula por occidente.

El primer frente naturalmente, es España, donde se actúa “La reconquista”, es decir; recuperar la tierra que había sido cristiana y que estaba en manos de los musulmanes, los moros de España.

Jerusalén, desde luego tiene un atractivo más grande, para aquellos cristianos que en occidente viven una reforma; la reforma llamada erróneamente Gregoriana, ya que fue iniciada por León IX, y seguida por Gregorio VII y practicada también por otros Papas, pero no solo los Papas, también los laicos participan a esta reforma, las directrices de esta reforma servían para impedir los grandes vicios que sufría la sociedad cristiana, entre los que destacaban: la simonía (compra-venta de oficios y dominios eclesiásticos), el nicolaísmo o poca ejemplaridad del clero (que a menudo no guardaba el celibato) y la investidura laica (provisión de cargos eclesiásticos por parte de los poderes seculares). Todos estos males tenían un origen común: el olvido del fin sobrenatural de la Iglesia y el afán de ambicionar más bienes temporales.

Pero occidente tiene a su interno otros dos grandes movimientos: el primero: La paz de Dios y el segundo; La Tregua de Dios. Ambos promovidos por concilios de obispos. La Paz de Dios; quiere proteger o controlar de la violencia de los militares, a las mujeres, los niños, el mismo clero, los mercantes y peregrinos.

La tregua de Dios, sin embargo, pide de respetar algunos periodos del año; como la navidad, la pascua y hasta algunos días de la semana.

Es decir la guerra esta en el centro de los pensamientos del occidente, sea para limitarla , sea para reorganizarla, y es lo que sucede con la primera cruzada.

Hablaremos ahora de dos hombres; un Papa y un ermitaño. El Papa es Urbano II, su nombre es Odón de Chantillón, y viene de aquella Francia que será la indiscutible protagonista de la primera cruzada, y siendo un aristócrata, conoce muy bien el ánimo de los caballeros, de los nobles francos. Odón se hace monje, elige aislarse del mundo, en el 1073 entra a Cluny el gran monasterio, que fue uno de los motores de la reforma de la iglesia de la que hemos hablado. En pocos años llega a ser Prior de Cluny en el 1076, y luego se convierte en colaborador de Gregorio VII, desde el 1078, se encuentra en Roma como Cardenal Obispo de Ostia. Se ocupa de las relaciones diplomáticas encargadas por el Papa, y destacado en Sajonia en 1085, se encargó de que la mayoría de las sedes fueran ocupadas por clérigos partidarios de Gregorio VII. En el 1088 es nombrado Papa y como Urbano II, decide de continuar aquellas obras de reforma que ha visto ejecutar a Gregorio VII.

El Papa Urbano II

La primer medida que toma Urbano II; es la de recuperar la ciudad de Roma al Anti Papa, como sucede tanto en la edad media a un Papa (legitimo) se le enfrenta siempre un Anti Papa, llamémoslo “ilegitimo” aquél derrotado por la historia. Urbano logra destituir al Anti Papa Clemente III, de Roma y a retomar el control de la ciudad. Es el primer paso para afirmar su autoridad como Obispo de Roma sobre los obispos italianos, es así que en el 1095, reúne un concilio en la ciudad de Piacenza, en este concilio algunos enviados del emperador bizantino, piden ayuda militar al Occidente, y Urbano II está de acuerdo. Esto no es una novedad porque desde mucho tiempo los bizantinos utilizaban mercenarios occidentales en sus propios ejércitos. Lo interesante es que como sabemos Urbano es discípulo de Gregorio VII, es decir; el que tuvo primero la idea de una cruzada.

En marzo del 1095, Urbano piensa que es posible acercar las dos iglesias, la católica y la griega, que se habían separado en el 1054 por causa de un cisma. En agosto, Urbano II se dirige en Francia, es seguido por la corte pontificia, también allí pretende imponerse a los obispos franceses en este caso, y es así que en un concilio; en Clermont Ferrand, el 27 de noviembre del 1095, hace una propuesta a los presentes, es decir; reconquistar Jerusalén, ayudar a los cristianos de Oriente y liberar el santo sepulcro.

Los presentes a Clermont Ferrand, son muchos. Sabemos que Urbano debe pronunciar su discurso fuera de la iglesia, hay clérigos, cardenales, obispos, también hay muchos laicos de todas las condiciones, entre ellos muchos guerreros aristócratas. Urbano II, conoce muy bien a estos guerreros ya que también él es un aristocrático francés.

Sobre el discurso pronunciado por Urbano, hay varias versiones la que llega a nuestros días y que es seguramente un resumen de operas anteriores es el relato de Roberto de Reims, que no participó personalmente en la expedición, pero reescribió la “Gesta Francorum” a petición de su abad, quien no soportaba el estilo «rústico» de la Gesta. Su crónica contiene una narración del discurso de Urbano II tras el Concilio de Clermont, alocución que tuvo una gran influencia en cómo las Cruzadas se desarrollaron más tarde. Roberto escribe como si hubiera estado presente en Clermont, pero su narración data probablemente del 1116, veintiún años después del concilio, o incluso más tarde

Estatua de Pedro el ermitaño en la ciudad de Amiens, debajo la frase: “Dieu le veut”  –  Dios lo quiere.

Hablábamos de otro personaje, un ermitaño, se llama Pedro, viene de Amiens, Pedro es un clérigo que se ha hecho ermitaño, vive de pocas cosas de ayunos y prédica penitencia y pobreza. En el 1095, el mismo año de los concilios de Piacenza y Clermont. Al principio del año; Pedro se encuentra en Jerusalén. Es decir ha hecho un peregrinaje y esta escandalizado, de la situación en la que viven los cristiano de Tierra Santa bajo la dominación islámica, es más; mientras esta rezando en el santo sepulcro (reconstruido a mala pena) tiene una visión; Por lo menos dirá de haber tenido una visión del mismo Cristo, el mismo lo incita a volver a occidente y a unir a los cristianos para liberar el santo sepulcro.

Pedro se pone en contacto con el Patriarca Griego de Jerusalén, y recibe de este una carta,  y con esta carta en sus manos, vuelve a occidente y se dirige directamente al Papa, que todavía no había partido para el concilio de Clermont, y con él habla de esta idea, y de este modo vemos como la idea de la cruzada es discutida por un Papa y un ermitaño, dos personas completamente diferentes.

Por decisión propia Pedro, viaja hacia el norte de la Francia, y se ocupa de predicar la cruzada. Con Urbano II han conversado y seguramente se han puesto de acuerdo, pero sus iniciativas son autónomas, ya que Pedro el ermitaño, que dice de estar inspirado por Dios, muestra además cartas inspiradas por el cielo como él dice, y se pone a predicar la liberación del santo sepulcro.

La suya es una figura carismática, lo imaginamos; un pequeño hombre, consumido por los ayunos y que en un mulo atraviesa las regiones de Francia predicando esta idea, que parece una locura y que sin embargo; encuentra las respuesta positiva de las multitudes. Detrás de su predicación muchísimas personas comienzan a seguirlo, y son: curas, monjes, pobres, mujeres, ancianos y hasta guerreros y señores.

Desde el norte de Francia, Pedro irá hacia el valle del Rin, en Renania; es así que toma nombre; la cruzada que llamamos; La cruzada popular o de los pobres (según el autor) es una cruzada a la que no falta el elemento militar, al contrario, hay muchos nobles con sus hombres armados que se unen bajo la palabra de Pedro. De todos modos se pueden distinguir claramente, los que se unen a la cruzada organizada por el Papa, formada de grandes príncipes de aquellos que se unieron por la predicación de Pedro el ermitaño.

También se distinguen por un motivo cronológico, porque mientras los cruzados alistados por el Papa Urbano, llegaran a Constantinopla a fines del 1096 y principios del 1097, los seguidores de Pedro el ermitaño, llegaran en agosto de 1096 a dicha ciudad.

Durante el viaje, “la cruzada popular”, ha cumplido muchos desastres, las victimas son sobre todo las comunidades hebreas de la zona del Rin. Se trata de vejaciones, violencia y hasta conversiones forzadas, siempre condenadas por la iglesia…, el mismo emperador Enrique IV, intenta de impedirlo, pero la violencia es enorme y en varias ciudades, se producen masacres y destrucción: algunas familias hebreas, llegan hasta a suicidarse, las madres con los hijos, los ancianos, con tal de no ceder a la violencia de estos cruzados, todas estas acciones violentas, dejan una herida indeleble a estos cruzados, lo que sucede en el Rin, es el principio de un epopeya trágica y dramática.

Pedro el ermitaño predicando la cruzada.

En agosto de 1096, el emperador de Bizancio, Alejo I Comneno, ve llegar a Constantinopla los primeros cruzados, antes de ellos han llegado las noticias de lo que han hecho. La masacre de hebreos en Renania y en Hungría donde también hubo problemas. El emperador tiene dudas, tiene que recibirlos ya que son aliados, pero tiene que contener la impetuosidad de los mismos. Cuando llega Pedro, el emperador de todos modos lo recibe bien; reconoce en él un jefe carismático, y los lleva directamente en Asia menor, pasando el Bósforo, no los tiene mucho tiempo en suelo europeo, cerca de la capital.

Entonces en septiembre del 1096, estos serán los primeros cruzados en poner pie en Asia. Otras ondeadas de la cruzada de Pedro el ermitaño, van llegando; al menos tres, estas también se manchan de algunos crímenes, y son muchos menos de los que se esperaban, porque son exterminados en gran parte por los hombres del rey de Hungría.

Mientras tanto los que están en Constantinopla comienzan a ponerse nerviosos, porque pasa el tiempo pero Pedro quiere esperar la llegada de los otros cruzados, los que ha reunido el Papa, pero estos como decíamos antes tardan en llegar, por eso a un cierto punto, Pedro no puede ya contener los nervios de sus propios hombres que se dirigen hacia el desierto de la Anatolia, y es aquí que los turcos los esperan. Un primer grupo de cruzados logra atacar algún poblado, y este primera pequeña victoria, da coraje a muchos que siempre más numerosos intentan de imitar la gesta.

Pero en la llanura de Civitot (Kibotos), el sultán selyúcida de Rum; Kilij Arslan I, los espera y los derrota, la masacre es despiadada, los hombres son todos eliminados incluyendo los sacerdotes, las mujeres violadas y los niños esclavizados. En una sola jornada en octubre del año 1096, la cruzada de los pobres, organizada por Pedro el ermitaño, es cancelada de la historia, por los ejércitos turcos.

Estas primeras ondeadas, son destruidas en Asia menor, pero detrás de ellos están llegando otros cruzados, “la cruzada de los príncipes” que respondiendo al llamado de Urbano II, se acerca a Constantinopla. Es lo que veremos juntos, si queréis en la próxima entrada de Antares Historia, donde contaremos como se desarrolla  la historia de las cruzadas. 

La imagen principal: El Papa Urbano II, en la plaza de Clermont Ferrand, predicando la cruzada. Obra de Francesco Hayes.

 

3 comentarios sobre “Las Cruzadas – Los origenes – Parte 2

    1. Gracias Nuria, intentamos contar porque iniciaron las cruzadas y mas adelante su desarrollo. Esperamos tus comentarios. Gracias!

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