Las armas químicas

Las armas químicas,  y su utilización en el campo militar, fueron una de las principales causas de la alta mortalidad que se produjo en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial.

Así como otras innovaciones de la época, la investigación científica en química había hecho grandes progresos tanto es así, que en algunos países fue uno de los sectores más fuertes de la segunda revolución industrial (como en Alemania). Los experimentos y combinaciones de algunos elementos llevó de un lado a grandes beneficios en la vida de cada día, pero también a la aparición de sustancias nocivas para la salud humana. En este sentido, a principios del siglo XX algunos ejércitos comenzaron a considerar el uso de productos químicos también para obtener una clara ventaja en una guerra contra un oponente sin las precauciones adecuadas.

En el período de la primera guerra mundial, los gases más comunes fueron dos: el fosgeno y el gas mostaza (conocido como Yprite; de Ypres, ciudad belga donde los alemanes lo usaron por primera vez en 1915).

El primero fue inventado en 1812 por un químico británico, John Davy, que originalmente lo utilizó para para la tinción química de los tejidos. Se trataba de un compuesto formado por cloro y monóxido de carbono, que podía causar la muerte si alcanzaba el sistema respiratorio. El segundo fue descubierto medio siglo más tarde por otro químico Inglés, Samuel Guthrie, que mezcló el cloro y el azufre. Se lo llamo “gas mostaza” por su olor (similar a la mostaza) y golpeaba directamente la piel creando ampollas en todo el cuerpo y si se inhalaba, destruía completamente el sistema respiratorio.

Rudimentarias máscaras de gas, en la primer guerra mundial, cerca de Ypres.

El fosgeno fue utilizado por primera vez en 1915 por el ejército alemán contra las tropas francesas y era lanzado con bombas especiales. Al año siguiente, le tocó a los italianos que, en el Monte San Michele, sufrieron por primera vez un ataque químico de parte de los austro-húngaros (29 de junio de 1916). En este caso, sin embargo, los cilindros de gas no fueron lanzados, pero fueron abiertos creando así una nube tóxica que luego fue impulsada por el viento.

En septiembre de 1917 el fosgeno, fue también utilizado por los alemanes en el frente oriental durante la batalla de Riga. Un mes después en Plezzo, en el frente del Alto Isonzo, los austro-alemanes bombardearon las líneas italianas con las mismas bombas asegurándose una ventaja clave en la duodécima batalla del Isonzo.

Otros gases altamente tóxicos, fueron utilizados aunque con un menor impacto sobre la mortalidad de los soldados. Aparecieron en este período; el gas lacrimógeno y el Diphenylchlorarsine: que consistía en un polvo fino capaz de penetrar las máscaras de gas. Eran lanzados por los proyectiles de la artillería; en altas concentraciones, dicho gas; causaba náuseas, vómitos y fuertes dolores de cabeza.

Soldados alemanes preparando los contenedores de sustancias químicas

Con la aparición del gas en el campo de batalla los ejércitos se esforzaron también para prevenir los efectos distribuyendo a los soldados máscaras de gas muy rudimentarias.

Pero como no se conocía la composición química de los productos, muchas de ellas no funcionaban. Muchos ejércitos distribuyeron un ejemplar que no fue capaz de resistir ni el fosgeno ni el gas mostaza. Por otra parte, los  conocimientos en química eran tan escasos, que los soldados fueron instruidos, en caso de falta de máscaras durante un ataque químico, de poner un trozo de pan mojado en la boca (que simulaba un filtro) y a cubrir a continuación la cara con un pañuelo.

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