La divinización de los emperadores romanos

La consecratio o apotheosis, es decir, la divinización de los emperadores, como tantos otros aspectos de la vida religiosa romana, aparece reflejada en las monedas. En su mayor parte, estas monedas de consagración son de plata, aunque también se hicieron en oro y en bronce.  

A pesar de que la idea de adorar a un ser humano como a un dios era algo extraño a la mentalidad tradicional romana, Augusto instauró la veneración a Julio César, que se convirtió en el divus lulius. 

Es un denario acuñado por Augusto entre 19 y 18 a.C. En el reverso está el cometa que apareció en el cielo poco después del asesinato de César en 44 a. Muchos consideraron este evento como un signo de la naturaleza divina de César. Esto fue obviamente explotado por Augusto quien deificó a su padre adoptivo como dice la inscripción en el reverso: “Divus Iulius”

Tras su muerte, el mismo Augusto fue declarado divus, y su heredero, Tiberio, le erigió un templo. En adelante, los emperadores podrían también ser considerados dioses después de morir.  

La consagración era establecida por un sucesor del emperador muerto (no necesariamente el heredero inmediato) y debía ser sancionada por el Senado, siendo los méritos del gobernante, sobre todo políticos y militares, los que justificaban la designación.  

Durante el gobierno de la primera dinastía de emperadores, la Julio-Claudia, la posibilidad de alcanzar la divinización se extendió también a los miembros difuntos de la familia imperial, la domus Augusta, en cuanto a las cualidades de las mujeres, era su comportamiento, su pietas y fidelidad, lo que permitía su deificación.  

Pero todo esto no era más que la justificación teórica del acontecimiento, en realidad, consideraciones de todo tipo influyeron en la decisión de los emperadores a la hora de decidir la consagración de sus antecesores y familiares. Durante el siglo II d.C., cuando la sucesión al trono se llevó a cabo mediante la adopción del mejor, los emperadores decretaron la divinización de los antecesores que los habían elegido, con el fin de legitimar su propia situación. De hecho, todos los miembros de la dinastía Antonina fueron honrados con la consecratio 

Durante el siglo III d.C., la apotheosis se limitó al emperador y, en algunos casos, a la emperatriz, escaseando cada vez más este tipo de consagraciones desde fines de dicha centuria.  

Conocemos la ceremonia de la consecratio con bastante detalle gracias, entre otros, al relato de Herodiano, historiador del siglo III d.C., quien describe las ceremonias fúnebres que se llevaban a cabo, la pira funeraria (rogus), y cómo un águila (símbolo de Júpiter) era soltada en el momento de la cremación “para que se remontara hacia el cielo con el fuego”. Finalmente, un testigo (generalmente, un senador), afirmaba haber visto al espíritu del emperador abandonar la pira y subir hacia el cielo.  

En las monedas, la ceremonia de la consagración era evocada con la leyenda: CONSECRATIO y, en ocasiones, con las siglas S.C. (aludiendo a la intervención del Senado). En el anverso aparece la efigie del personaje divinizado con diversos símbolos, como la corona radiada o la estrella de ocho puntas que ya se encuentra en las monedas que consagran a Julio César como divus lulius, si se trataba de mujeres solían llevar la cabeza cubierta con un velo.  

Moneda de cobre, acuñada en Roma en el 14 d.C. por Tiberio para la divinización de Augusto.

En cuanto a los reversos, los tipos son muy variados y permiten completar el conocimiento sobre el ceremonial que se llevaba a cabo durante la consagración: un águila con las alas desplegadas situada sobre un cetro o un globo, o bien volando llevando consigo al emperador; elementos pertenecientes al funeral como la pira funeraria o rogus, el altar, adornos (estatuas, un carro tirado por dos o cuatro elefantes o por otros tantos caballos); el ave Fénix, un templo con la puerta cerrada, etc.  

En el caso de las emperatrices y de las otras mujeres miembros de la familia imperial, en los anversos pueden aparecer también componentes propios del funeral, como el carro fúnebre o carpentum tirado por muías, o diversas diosas con sus respectivos símbolos: Juno con el pavo real, Diana Lucífera con las antorchas, Ceres con las espigas, así como el águila o el pavo real con la figura de la consagrada sobre ella, etc.  

Denario de consagración de Paulina, esposa del emperador Maximino I (235-238 d.C.) En el reverso se observa a Paulina sentada sobre un pavo real que vuela hacia el cielo.

El número total de emperadores, augustos y miembros de sus familias divinizados fue de cuarenta y siete, pero se conservan monedas de consagración de unos treinta, siendo el primero César (que no fue emperador) y el último, Constantino. En cuanto a las mujeres, se puede considerar que Livia inauguró la serie, pues fue asociada por su nieto, el emperador Claudio, a la apotheosis de su marido, Augusto, convirtiéndose así en diva. Pero fue realmente Drusila, hermana de Calígula, la primera mujer que recibió la apotheosis (tras su muerte ocurrida en el año 38 d.C.).  

 

En la imagen principal: Bajorrelieve Apoteosis de Augusto – Museo Nacional de Rávena 

 

Un comentario sobre “La divinización de los emperadores romanos

  1. Este tema es muy interesante, pero deseo felicitarlo porque realmente cada día leyendo aprendo muchisimo , porque es la historia que quizás la conocía de pasada sin adentrarme en ella, gracias disfruto de cada entrega, Saludos 🙂

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