La ciudadanía para los romanos

Hablaremos de la ciudadanía para los antiguos romanos. Un argumento que salvando las distancias es muy actual, y que, en muchos países europeos, está generando debates y el tratamiento de nuevas leyes y reformas.

Naturalmente el imperio romano, fue construido por pueblo dominante. Un pueblo fuerte che invadía y sometía otros pueblos, los conquistaba y anexaba, ¿y una vez conquistados estos pueblos que sucedía con sus habitantes? Pues al principio, estas personas eran los indígenas, y los romanos eran los ciudadanos, eran solo ellos los que gozaban de todos los derechos.

Es decir que en el imperio había dos categorías, una elite de ciudadanos romanos y una mayoría de personas que había sido sometida y que no tenía los mismos derechos.

Pero hay que aclarar que los ciudadanos romanos no lo eran solamente por su raza, o por su descendencia de la verdadera sangre romana.

La ciudadanía romana era un conjunto de privilegios que podían concederse a muchas personas, y, además, la política del gobierno romano era precisamente esta; expandir los derechos de ciudadanía, y convertir en ciudadanos los grupos sociales más importantes de los países conquistados, la elite de estos países, continúa siendo tale obteniendo la ciudadanía y desde luego hacia de ellos, personas leales al imperio, los demás, la masa de la gente, los barbaros como eran llamados por los romanos, se mantenían en su condición.

Como ejemplo quería agregar un texto, una fuente que no siempre viene considerada por los estudiosos como atendible para estudiar el imperio romano: Los hechos de los apóstoles; capítulos XXI y XXII, aquí leemos que San Pablo en Jerusalén, está predicando; los habitantes locales hebreos, no lo aceptan se crean disturbios, lo arrestan como agitador y subversivo, entonces San Pablo es encerrado en la torre Antonia, allí el tribuno romano, prepara todo para interrogarlo, es decir ordena de azotarlo.

  1. Cuando le tenían estirado con las correas, dijo Pablo al centurión que estaba allí: «¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haberle juzgado?»
    26 al oír esto el centurión fue donde el tribuno y le dijo: «¿Qué vas a hacer? Este hombre es ciudadano romano.»
    27 acudió el tribuno y le preguntó: «Dime, ¿eres ciudadano romano?» – «Sí», respondió.
    28 – «Yo, dijo el tribuno, conseguí esta ciudadanía por una fuerte suma.» – «Pues yo, contestó Pablo, la tengo por nacimiento.»

De este texto aprendemos muchas cosas y entre las cosas que aprendemos, podemos entender que no existe ningún problema para que un hebreo de una familia noble, tale come era la de San Pablo, pudiera adquirir la ciudadanía romana, pero también nos enseña que el tribuno, teniendo las influencias necesarias y entregando una fuerte suma de dinero, también podía obtenerla. La cosa más importante que nos enseña; es la verdadera diferencia entre ser ciudadano y no serlo en el imperio.

Todo esto inicia a crear problemas en la ciudad de Roma, y esto no nos sorprende; los ciudadanos romanos se lamentan de los nuevos ciudadanos, dicen; Todos estos barbaros que se vuelven romanos ¿y donde quedan nuestras tradiciones…?

En el año 48 d.C. El emperador Claudio, presenta un proyecto de ley en el senado, en el mismo se propone no solamente de conceder más ciudadanías, sino de hacer entrar en el senado nuevos representantes de las Galias. Ha pasado un siglo desde cuando Julio Cesar ha conquistado las Galias, la ciudadanía la tienen desde hace mucho tiempo, pero Claudio, entiende que sería normal inserir a los Galos más importantes en el senado.

Hay una violenta oposición a este proyecto y Tácito nos cuenta lo sucedido:

Discurso de los adversarios: Italia, no está en crisis como para no poder suministrar senadores a su ciudad. Una vez gobernaban solamente los nativos de Roma y de aquellos gobiernos nadie se lamentaba. Han invadido el senado Vénetos, ligures, etc. ¿Es necesario hacer entrar un revuelto de extranjeros, prácticamente esclavos, ¿Y qué honor queda para nosotros los romanos, para los senadores hijos de Latium? ¿Dejamos que se estos extranjeros se queden con todo? Recordemos que los abuelos y bisabuelos de estos, combatían contra nosotros y masacraban a nuestros legionarios…

Claudio les da una respuesta llena de sustancia: ¿Disculpad, de donde pensáis de venir todos vosotros? Mi antepasado más remoto, Clauso, por lo que se; no había nacido en Roma, era de Alba Longa (ciudad Latina, del Lacio destruida por Roma alrededor de la mitad del siglo VII a. C.) Cuantos de vosotros descendéis de los sabinos, de los latinos, de los etruscos. ¿Dónde pensáis que haya encontrado Roma la gente en sus inicios? Nosotros siempre hicimos esto, siempre que conquistábamos un pueblo lo hacíamos parte nuestra, y los ciudadanos de todas nuestras provincias pueden ser parte de Roma. Y continua Claudio: Nosotros no somos como los griegos, que cuando un extranjero conquistado, aunque aliado y amigo iba a vivir a Atenas, era siempre un extranjero… Nosotros no somos así y esa es nuestra fuerza.

Lo que exprime Claudio es una ideología, somos el imperio romano gracias a esta política. Desde luego esto también tenía sus riesgos y muchos.

El emperador Marco Aurelio Caracalla, promulgó un edicto, que reformaba la ciudadanía romana.

Por ejemplo, todos recordamos cuando Augusto intenta conquistar la Germania, a un cierto punto debe renunciar porque las legiones de Varo, son exterminadas en la batalla de Teutoburgo, de manos de los germanos rebeldes que estaban bajo el comando de Arminio. Si uno va a ver quién era, este comandante, se llamaba Cayo Julio Arminio; y era uno de los conquistados que tenía la ciudadanía romana, era un oficial del ejército romano, que había elegido de revelarse con su pueblo de origen. Luego la historiografía alemana lo alzo al grado de defensor de la Germania y de la libertad.

Pero no siempre sucedía esto, en la mayor parte de los casos los pueblos no se revelaban y poco a poco se romanizaba, y siempre más y más gente adquiría la ciudadanía romana.

De este modo si imaginamos vemos cada provincia romana y cuanta gente recibe la ciudadanía, nos damos cuenta que es una inmensa cantidad de gente que la recibe, y en Roma comienzan a preguntarse si vale la pena continuar con este sistema. ¿No sería mejor crear una amnistía y dar a todos la ciudadanía?

Entonces en una fecha crucial de la historia de Roma, deciden que sí. En el año 212 d.C. se promulga el Edicto de Caracalla. El emperador Caracalla decide: “A partir de este momento, todos los ciudadanos libres que viven en mi imperio; son ciudadanos romanos”.

Se excluía a una minoría denominada dediticii o dediticios, que eran los habitantes de ciudades derrotadas por Roma, y que habían opuesto especial resistencia a la conquista antes de capitular, o que simplemente no habían capitulado. Estas ciudades son las llamadas dediticias y sus habitantes, podían ser masacrados o vendidos como esclavos.

Mapa del Imperio Romano en tiempos del Emperador Caracalla.

Marco Aurelio Caracalla, vive en una época donde el imperio romano ya no conquista otras provincias, la expansión se ha frenado bastante, por lo tanto, la gente nueva, no es gente que ha sido conquistada, esto sucede todavía en muy pocos casos, lo que sucede cotidianamente, es que el imperio que tiene necesidad de mano de obra y de nuevos soldados y que no se expande tanto, hace entrar en el imperio gente que está fuera de él. Acepta los prófugos que piden asilo, admite a las tribus que fueron desterradas por otras potencias y que necesitan vivir y trabajar.

Este es un pequeño aporte para comprender algunos aspectos de la ciudadanía en tiempo de los romanos, muchas cosas como sabemos se repitieron en todos los tiempos y las vemos como decíamos en nuestros días.

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