La batalla de Meloria (1284)

Lo que se conoce como “Secche della Meloria” es una zona con gran cantidad de escollos en el mar de Liguria, delante a un amplio acantilado en la  costa de Livorno, en la región de la Toscana en Italia. Se extiende por unos 40 kilómetros cuadrados. Allí, el 6 de agosto de 1284, genoveses y pisanos se enfrentaron en una de las más grandes batallas navales de la Edad Media.  

No fue algo inesperado. Génova y Pisa, las repúblicas marítimas que por entonces se encontraban en el apogeo de su poder político, económico y militar, llegaron a la batalla después de dos siglos de luchas continuas en el mar, lucharon más con las armas de la guerra anfibia y la guerra corsaria (depredando y saqueando las costas de uno y del otro, o asaltando naves enemigas) en lugar de tener enfrentamientos directos en tierra.  

La Meloria no era más que el punto de llegada de una rivalidad atávica, centrada en el control de las principales rutas del Tirreno y, por lo tanto, en la necesidad de garantizar un aprovisionamiento seguro, en particular de trigo.  

Mapa de la ciudad de Génova (siglo XVII)

Pero no hay que olvidar también los importantes ingresos tarifarios de los puertos, por no hablar de una larga serie de trastornos del marco europeo y mediterráneo (la caída Imperio Latino de Constantinopla de 1261, el aumento de la potencia de los Anjou, el estallido de Guerra de las Vísperas en Sicilia en 1281, los cambios de las principales rutas comerciales) capaces de dar una fuerte aceleración a la dinámica en curso durante algún tiempo. 

El estallido del conflicto  

Según los informes, la causa del conflicto debe buscarse en las ambiciones de un señor corso: un tal Sinucello della Rocca, que vino a construir un castillo en el territorio de Bonifacio, por entonces posesión genovesa. Cuando se le pidió de desmantelar el edificio, pidió ayuda a los pisanos y obtuvo el apoyo incondicional de la república marítima. 

En realidad, en el centro de la disputa había problemas mucho más amplios, como la necesidad de controlar Cerdeña más que el sur de Córcega, y con ello las amplias rutas del Mediterráneo.  

Hay que considerar que, durante 1282, las aguas del mar Tirreno comenzaron a poblarse rápidamente de pequeños escuadrones navales que se empeñaban en una constante guerra corsaria. 

La primera confrontación directa tuvo lugar en mayo de 1284, frente a Tavolara, cuando los genoveses derrotaron a una flota pisana. Los gobernantes de la comuna de Pisa habían decidido confiar el mando de las operaciones al nuevo Podestà extranjero: el veneciano Alberto Morosini, nombrado en junio, Señor general de la guerra marítima”.  

Quizás esperaban que en su patria, la República Serenissima, hubiese declarado su intención de aliarse contra su viejo enemigo genovés; pero se trataba de una esperanza perdida, porque Venecia solo podía ganar al ver a sus competidores comprometidos a eliminarse unos a otros.  

Por otro lado, varios barcos que enarbolaban la bandera veneciana fueron el objeto de atención de la flota corsaria genovesa, que tuvo uno de sus más grandes representantes en el almirante y comerciante Benedetto Zaccaria.  

En los primeros meses de 1284, al mando de 30 galeras armadas con “ad apodixias” (es decir, “sin compensación”, excepto la posibilidad de hacerse con parte del botín de guerra), Zaccaria comenzó a cruzar las aguas entre Córcega y Cerdeña, interrumpiendo los suministros pisanos. El puerto toscano, cada vez más reducido al hambre, decidió que era hora de acabar con él.

Morosini inicio de inmediato los preparativos para lo que se anunciaba como un enfrentamiento inminente. Entre junio y julio mando armar 20 galeras, que iban a juntarse a las que ya estaban en el mar, para alcanzar, según el analista genovés Iacopo Doria (aunque los números difieren según la crónica), las 72 unidades navales, también se prepararon dos barcazas, cargadas con piedras envueltas en tela escarlata para ser lanzadas directamente contra el muelle genovés, como desprecio. Al podestà se unieron en el comando, Ugolino della Gherardesca y Andreotto di Saraceno.  

Probablemente las tripulaciones ascendieron a unos 10 o 12 mil hombres: una fuerza considerable, que subraya todo el compromiso con el que se desarrolló la acción.  

Un modelo de galera genovesa

La flota pisana salió de Bocca d’Arno el 22 de julio. Debido a los vientos contrarios, se vio obligada a esperar dos días más en Porto Pisano antes de salir al mar. Mientras tanto, después de haber oído hablar de los movimientos del enemigo, los capitanes genoveses del pueblo, Oberto Doria y Oberto Spinola, proclamaron un bando general: convocaron a todos aquellos que, en Génova y en las costas, estaban registrados en listas de especiales de reclutamiento; también enviaron mensajes al almirante Zaccaria para que regresara inmediatamente a Génova.  

En la semana entre el 24 y el 30 de julio, la flota pisana se dirigió hacia Córcega, luego cambio rumbo hacia la Liguria Occidental, en un intento de cortar el paso a la flota de Zaccaria, que sin embargo logró evitar el choque.  

A la altura de Albenga, Morosini tomo rumbo hacia Génova. El 31 de julio, la flota pisana fue avistada en la costa de Varazze. Los capitanes del pueblo ordenaron armar apresuradamente 58 galeras y 8 embarcaciones menores, cuya comando fue confiado a Oberto Doria, quien se embarcó junto a varios miembros de su familia.  

Cuando cayó la oscuridad, Doria ordenó a la flota que zarpara y se refugiara en la ensenada de Sturla, para encerrar al enemigo que, habría entrado en un puerto sin defensores. Era un plan bastante ingenuo que no funcionó: al amanecer, Morosini ya había navegado hacia el oeste. Doria, se unió a la flota de Zaccaria, probó a seguirlo, pero llegando a Porto Maurizio (a norte del mar Tirreno, en el mar Ligure) recibe noticias que la flota de Pisana, está volviendo a Porto Pisano, es en este momento que los comandantes genoveses deciden de terminar con el juego. P

Al amanecer del 6 de agosto, la flota de Oberto Doria ganó la costa toscana, probablemente al noroeste de Meloria, se mantuvo a la vista para adivinar el sitio de los bancos que abundan en esa zona y, quizás, el corredor de entrada en porto pisano. La flota pisana estaba protegida de las cadenas que bloqueaban su acceso.  

Los genoveses se establecieron en dos posiciones: las 58 galeras y las embarcaciones pequeñas comandados por Doria se desplegaron en la línea del frente; La segunda línea estaba compuesta por las 30 galeras de Zaccaria, con una función de reserva. Según las crónicas, la estrategia genovesa se apoyaba en el efecto sorpresa de entrar en la segunda línea de batalla.  


Batalla de Meloria, de Giovanni David (1743-1790)

En realidad, no se puede suponer que este conjunto de reservas no haya sido visto desde las numerosas torres costeras. Después de todo, el número de galeras genovesas, 88, no era demasiado alto en comparación con el de los barcos pisanos, 72; Además, no aceptar una batalla hubiera significado lo peor, tanto en términos de prestigio frente a las ciudades rivales del interior (especialmente Lucca y Florencia, muy atentas al progreso de los acontecimientos), como en previsión de un posible bloqueo naval, que causaría graves daños a la población, ya hambrienta debido a la guerra de razias de los meses anteriores.  

Por último, es posible que los pisanos confiaran en la ventaja que les brindaron las estructuras defensivas de Porto Pisano, desde la cual habría sido posible golpear a los genoveses si se hubieran internado demasiado en el puerto. En resumen, Pisa se jugó todo por el todo. 

La larga espera que precedió a la batalla fue fatal. Los pisanos abandonaron el puerto después del mediodía, después de haber estado fuertemente armados durante horas bajo el sol de Agosto. En cambio, según la crónicas, los genoveses “permanecieron todo el día sin armas, frescos y descansados”.  

La batalla comenzó con un denso lanzamiento de balas, acompañado por los disparos de arqueros y ballesteros, seguido, a medida que uno se acercaba al adversario, por chorros de jabón y cal pulverizada.  

La crónica nos recuerda cómo las galeras pisanas, lentas y pesadas, montaban en la proa unos tornos a los que estaban fijas las espadas y cuchillas, que, al girar, deberían haber evitado que los enemigos abordaran.  


Cadenas de Porto Pisano tomadas por Génova (regresadas en 1860 a Pisa) 

Nada que ver con las galeras genovesas, robustas pero ágiles, rápidas y ligeras. La batalla resultó en una serie de choques individuales, concentrados en el centro de las alineaciones. La intervención de la segunda fila genovesa resultó ser decisiva. De hecho, fue Zaccaria quien capturó al capitán enemigo y al estandarte pisano.  

Parece, en cualquier caso, que los toscanos alzaron una segunda bandera en otra galera, capturada por una nave propiedad de los Doria. Por la tarde, el agua era de color rojo. Las alas de la flota pisana se entregaron a la fuga, navegando hacia la costa. Una tradición posterior daría la culpa de la retirada al ala comandada por Ugolino della Gherardesca, aunque se, no exista sobre esta versión ninguna certeza.  

Según Iacopo Doria (pero las crónicas pisanas reportan cifras diferentes), los genoveses capturaron 29 galeras enemigas, mientras que otras 7 fueron hundidas.  

Después de la batalla, en las cárceles de Génova, había 9.272 prisioneros, incluidos, sin embargo, aquellos que habían sido capturados en los dos años anteriores de guerra.  

Incluso los genoveses sufrieron numerosas pérdidas, y esto puede explicar por qué no hubo ningún intento de forzar Porto Pisano o de intentar un asalto contra la ciudad enemiga. La batalla había terminado, pero el conflicto continuaría en forma de una guerra de piratas.  

El incumplimiento de una primera paz, estipulada en 1288, resultó en la destrucción de Porto Pisano, operada en 1290 por Corrado Doria, hijo de Oberto. En esa ocasión, tras un primer despojo en 1287, las cadenas de Porto Pisano fueron llevadas a Génova y expuestas en las principales iglesias de la ciudad. Los prisioneros sobrevivientes solo serían liberados en 1299.


En la imagen principal: Batalla de Meloria (ilustración tomada de la Crónica de Giovanni Villani, siglo XIV)


Bibliografía: 


A history of the Italian republics, Simonde de Sismondi, Jean-Charles Léonard (1832). Philadelphia. 

La battaglia della Meloria, Antonio Musarra, Roma-Bari, Laterza, 2018 

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