La batalla de Arsuf: septiembre de 1191

Los musulmanes se apoderaron de Jerusalén en el año 1187 y la Verdadera Cruz cayó en manos de los “infieles”. A raíz de la indignación del clero, el papa Clemente III lanzó la Tercera Cruzada para reconquistar esta reliquia, la más venerada de la Cristiandad. 

El emperador Federico Barbarroja fue el primero en responder a la llamada. Partió para Palestina en 1189 a la cabeza de un numeroso ejército. Sin embargo, murió durante la travesía y sólo un millar de sus desmoralizadas tropas prosiguieron la ruta hacia Tierra Santa.  

Entonces otros dos personajes recibieron la llamada para marchar hacia el Próximo Oriente. Estos eran Ricardo Corazón de León  y Felipe Augusto.  

En esas fechas, Ricardo estaba en guerra contra Felipe Augusto, pero ambos monarcas se apresuraron a firmar la paz y partieron juntos el 4 de julio de 1190. El viaje fue largo y agitado, lleno de querellas entre ambos a pesar de que los dos ejércitos no siempre siguieron el mismo camino.  

Felipe Augusto llegó siete semanas antes que Ricardo, que se detuvo para ocupar Mesina y conquistar Chipre antes de concentrar toda su atención sobre Jerusalén.  

Felipe Augusto llega a Mesina en su viaje a Tierra Santa

Cuando Ricardo Corazón de León llegó a Palestina, el 8 de junio de 1191, encontró a los francos divididos; la cuestión que se debatía era sobre quién debía reinar en estos territorios de ultramar a pesar de que en su mayor parte todavía estaban en manos del enemigo.  

Ricardo apoyaba a la facción de Guido de Lusignan, pues su familia era vasalla del rey de Inglaterra en la región francesa ocupada por los ingleses. Guido había perdido el reino de Jerusalén tras ser vencido y hecho prisionero en Tiberíades en el año 1187.  

Por su parte, el rey Felipe Augusto apoyaba a los partidarios de su primo, Conrado de Montferrat, que se había puesto a la cabeza de los supervivientes tras el desastre de Tiberíades. Los partidarios de Conrado de Montferrat afirmaban que Guido, que había heredado la corona por su matrimonio, no tenía derecho al trono tras su derrota y cautiverio.  

La lucha por el poder continuaba mientras que los musulmanes estaban sitiados en San Juan de Acre. Todos los esfuerzos del sultán Saladino para acudir en ayuda de los asediados fracasaron, y el 12 de julio de 1191 el gran puerto mediterráneo se rindió. 


Acre se rinde a Felipe Augusto y Ricardo Corazón de León

Los términos de la rendición estipulaban el regreso de la Verdadera Cruz, el pago a Francia de un rescate y la liberación de 1.500 prisioneros cristianos; a cambio, la guarnición salvaría su vida. Ricardo Corazón de León, Felipe Augusto, los cruzados europeos y los barones franceses locales entraron en San Juan de Acre y se reunieron en conferencia para solucionar el problema de la soberanía del reino de Jerusalén. 

Finalmente, se llegó a un compromiso: Guido permanecería como rey hasta su muerte y Conrado sería su sucesor. Felipe Augusto, seguro ya del futuro de su primo, optó por embarcar hacía Francia por encontrarse mal de salud, para lo que cedió d mando de sus tropas al duque de Borgoña. Ricardo permaneció en Palestina para dirigir la Tercera Cruzada.  

Para comenzar, dio la orden de pasar a cuchillo a la guarnición de San Juan de Acre. Las negociaciones con Saladino acerca de la ejecución de los términos de la rendición ya se habían interrumpido y el rey estaba deseoso de marchar hacia Jerusalén sin el estorbo que suponían los 2.500 prisioneros, entre los que se encontraban mujeres y niños.  

Tras este acto de barbarie, Ricardo dio la orden de partir hacia el sur el 22 de agosto. En medio del calor y el polvo, los cruzados siguieron la ruta costera en la dirección de Jaffa, a unos 100 km de la ciudad. 

Masacre de prisioneros musulmanes por Ricardo
corazón de Leó
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Ricardo adoptó un orden de marcha que rápidamente podía adaptarse al combate. Doce formaciones de caballería estaban cubiertas por una línea casi ininterrumpida de infantería y apoyadas delante y detrás por los templarios y los hospitalarios. 

El ejército, de 14.000 hombres, estaba acompañado por una caravana de impedimenta considerable y seguido de cerca por los hombres de Saladino, reclutados en numerosos países y que hostigaban sin cesar la retaguardia de los francos.  

El cristiano que tenía la desgracia de caer enfermo por la insolación y quedar retrasado, era degollado de forma inmediata en represalia por la matanza de San Juan de Acre

Saladino buscaba una posición en la que entablar batalla contra Ricardo, pero este no tenía prisas por combatir Sus caballeros y sus infantes, dotados de cotas de malla y gruesas casacas, estaban agotados por el calor y el hostigamiento continuo de los arqueros musulmanes. El 5 de septiembre Ricardo pidió una tregua para iniciar negociaciones de paz, pero no obtuvo ningún resultado. 

Dos días más tarde, Saladino decidió desencadenar la batalla a algunos kilómetros al norte de Arsuf, en una llanura de tres kilómetros de anchura bordeada por un bosque al este y por el mar al oeste.  

Ese día, sábado por la mañana, Ricardo no tenía elección: debía prepararse para la lucha. Mandó detener la caravana de la impedimenta, destacó algunos hombres para protegerla y, después, desplegó a su ejército de modo que diese la espalda al mar.  

Colocó una línea de arqueros y de infantes delante de los caballeros, que componían su gran fuerza de choque. La línea de la caballería comprendía los templarías a la derecha y los hospitalarios a la izquierda, con los caballeros franceses, flamencos, alemanes e ingleses entre ellos; el centro estaba a las órdenes del propio Ricardo.  

De cuando en cuando, los arqueros y lanceros sarracenos actuaban en vanguardia del cuerpo de batalla de Saladino en un intento de incitar a los cruzados a una carga prematura. Sin embargo, el rey, soldado de experiencia, había comprendido la táctica del enemigo y dio orden a sus caballeros de atacar sólo a la señal de las trompetas.  

Ricardo consiguió la proeza de contener los ímpetus de hombres de orígenes tan diversos, hostigados sin cesar, obligados a rehacer sus líneas de forma constante e impacientes por ir a la lucha.  

Incluso cuando Saladino lanzó su caballería contra el ala derecha y el jefe de los hospitalarios enviaba mensaje tras mensaje a Ricardo solicitando permiso para actuar, el rey le pidió que tuviera paciencia.  

Pero, de repente, dos caballeros hospitalarios se lanzaron fuera de las filas, seguidos rápidamente por sus hermanos de armas. Ricardo se apresuró a encabezar este movimiento que, de hecho, se producía casi en el momento que él había deseado.  

Los cruzados penetraron profundamente en las filas de los sarracenos, quienes fueron ensartados por sus lanzas o bien se batieron en retirada, dejando sobre el terreno gran cantidad de muertos. 

La victoria de Arsuf, la única gran batalla de la Tercera Cruzada, precedida poco antes por la caída de San Juan de Acre, elevó la moral de los cristianos, pues con ello Ricardo había destruido el mito de la invencibilidad de Saladino.  

Pero su contribución a la Tercera Cruzada fue sobre todo diplomática. Aunque no consiguió sus objetivos de recuperar Jerusalén y la Verdadera Cruz, su tratado con Saladino restauraba los principados francos de la costa y garantizaba a los peregrinos el acceso a Tierra Santa.  


En la imagen principal: Batalla de Arsuf, de Eloi Firmin Feron 


Bibliografía: 

Battles of the Medieval WorldDeVries, Kelly. New York: Barnes & Noble. (2006) 

“Battle of ArsufClimactic Clash of the Cross and Crescent“. Evans, Mark (2001) Military History. 

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