Julio César cruza el Rubicón – Alea iacta est

En Romaña, Italia, entre las ciudades de Rímini y Rávena, surge un curso de agua que parece casi insignificante, que a lo largo de los siglos ha tenido varios nombres como: Fiumicino, Fiumicello, pero lo que nos importa es su nombre más antiguo, el nombre que hizo de este pequeño torrente, un famoso río, como otros grandes ríos; el Nilo, el Ganges, el Danubio, porque este río es el Rubicón. 

La expresión; cruzar el Rubicón se ha vuelto tan famosa que, en sí, representa el hecho de arriesgar todo para desafiar el destino, el azar, para dar un paso sin retorno. 

Es a orillas del Rubicón que el 10 de enero del año 49 antes de Cristo, Julio César, decide tirar los dados y cruzarlo, dando así el primer impulso en el proceso que conducirá al final de la República de Roma y al nacimiento del imperio. 

El Rubicón marcaba la frontera entre Italia, que era el territorio de Roma y de una región subalterna sometida al control de Roma, en este caso la Galia Cisalpina.  

Pasar este límite, en armas, sin el permiso del Senado romano es un gran crimen, una declaración de guerra, un golpe de estado. Pero en el caso que alguien tome una decisión tan importante, sabe que la primera ciudad que debe controlar de este lado del Rubicón es la ciudad de Rímini. 

En el otro lado del Rubicón en Galia. la primera ciudad importante es Ravena y es allí que Julio César, en diciembre del año 50 antes de Cristo, está acompañado de la XIII legión y eso significa; 5000 soldados y 300 Caballeros. 

Y desde Ravena es que César conduce las últimas febriles negociaciones con sus oponentes en Roma. 

Ha hecho al senado peticiones moderadas (Lenissimis Postulatis) y no comprende por qué no son aceptadas. La justicia de los hombres está de su parte. Por lo tanto, aunque si está meditando un golpe de mano, él está en la legalidad, mientras que los otros son sus enemigos prevaricadores. 

Para entender el intrincado juego político que lleva al cruce del Rubicón, y antes de entrar en el tablero de ajedrez donde los poderosos de Roma mueven sus peones. Debemos entender porque en diciembre del año 50 a.C. Julio César se encuentra en Ravena con una legión. 

 

Puente romano de Savignano sul Rubicone, donde se ve el limite entre Roma y la Galia

La razón es que, desde hacía un año, se había completado la empresa más colosal, polémica y atroz de aquellos tiempos; La conquista de la Galia. En el año 58 a.C., que se parte a la Galia, para proteger a los amigos aliados contra la amenaza de los otros pueblos helvéticos y germanos, pacificar y defender a sus amigos; ese es el pretexto. Año tras año César combate ensanchando territorios en Bélgica, en el Galia central, en Bretaña, entre una guerra y otra, construye un puente sobre el Rin y entra en la Germania. También conduce dos expediciones a Gran Bretaña.  

En el año 52 a.C., los pueblos de la Galia, dirigidos por Vercingétorix se unen en una gran rebelión que ponen a dura prueba el ejército de César, la batalla decisiva es en Alessia donde los galos son derrotados, Vercingetorix depone sus armas a los pies de César y es hecho prisionero. 

Vercingetorix depone sus armas a los pies de César y es hecho prisionero.

En el año 51 a.C., los últimos focos de la resistencia son aplastados. La Galia para decirlo como César; ha sido pacificada.  

En realidad, las guerras gálicas fueron solo una conquista, muchas veces exterminación, en muchos casos genocidios. Enteros pueblos fueron eliminados. En total, los historiadores calculan que hubo un millón de muertos. Un siglo después, Plinio, intelectual y estadista; sobre esas matanzas utiliza por primera vez la expresión crimen contra humanidad. El mismo César; no es reservado acerca de la violencia de sus Legiones. Así es como relata la caída de la ciudad de Avárico: “Nse perdonó ni a los ancianos debilitados por la edad, ni las mujeres, ni a los niños. La población de la ciudad era de alrededor de 40.000 personas de las que sobrevivieron 800. 

Los horrores cometidos en la Galia indignan a muchos en Roma, hay incluso alguno que tiene la intención de entregar a César a las tribus galas para que pueden tomar la venganza. Pero en la antigüedad, en un mundo donde quien tiene la fuerza, la utiliza, la controversia sobre la crueldad de César, es nada en comparación con las ventajas de la conquista.  

La gloria obtenida es enorme y enorme, es la cantidad de dinero que César tiene a disposición, una riqueza que utiliza aun estando en Galia para hacer sentir su influencia en la política romana. Hace construir grandes obras públicas, compra líderes políticos y empieza a asustar no sólo a sus oponentes, sino también al otro hombre fuerte de Roma y que hasta poco tiempo antes, fuera su aliado.  

Pompeyo se asustó ciertamente y trató de encontrar un sucesor de César en sus funciones de mando y le pidió de restituir los soldados que le había prestado para sus campañas. César devuelve los soldados, pero la intensidad de la polémica aumenta y a este punto es necesario entender porque César era tan temido.  

La política romana, en gran síntesis; se ha movido siempre en equilibrio entre la aristocracia y las clases populares. La “fortaleza” de la aristocracia es el Senado, que tiene poder consultivo y ejecutivo y también expresa la gran mayoría de los jueces en particular, los cónsules y los magistrados supremos, que elegidos por el pueblo y permanecen en el cargo por un año. Son generalmente senadores también los gobernadores de las provincias, que son exprimidas sin vergüenza.  

La plebe tiene el poder de votar los jueces y las leyes, y tiene también otra arma; los tribunos de la plebe, que son inviolables y que tienen derecho de veto en todo. 

Es un sistema de pesos y contrapesos que a lo largo de los años que estamos contando se había transformado en una forma de guerra entre bandas. Las elecciones se compran, el voto de intercambio es una regla; homicidios, violencia e intimidaciones, son al orden del día. En línea general el método era; Una persona rica compraba las elecciones, a continuación, sus colegas lo enviaban como gobernador de alguna provincia, y allí recuperaba el dinero utilizado para comprar su elección.  

En este clima Julio Cesar siempre había sido un campeón para la plebe, antes de la guerra de las Galias fue cónsul y promovió leyes agrarias que dividían la tierra entre los pobres. A su regreso de la Galia, es un famoso comandante, está lleno de dinero y quiere ser candidato a una segunda elección para el consulado. Los oligarcas lo ven como una amenaza, es la ruina de su clase, un dictador apoyado por el pueblo, algo que luego será en realidad. 

En las últimas semanas del año 50 a.C. entre Roma y Rávena, viajan veloces mensajeros que cubren la distancia en solo tres días, llevando las demandas de las dos facciones. El 1 de diciembre, el tribuno del pueblo; Gayo Escribonio Curión que Julio César ha comprado pagando sus deudas por millones de sestercios, presenta en el Senado esta propuesta: “Visto que las armas de César dan miedo a alguno y también las legiones de Pompeyo dan miedo a otros. Propongo que ambos disuelvan sus ejércitos, esto; devolverá la libertad a la política.”  

La propuesta es aprobada por una abrumadora mayoría 370 votos a favor y 20 en contra, pero la facción de los oligarcas no está de acuerdo no aprueba la votación y amenaza con derribar la autoridad del Senado y por lo tanto, las negociaciones continúan hasta que César envía la carta con sus últimas propuestas que él llamó “peticiones modestas”; “Propuso de entregar 8 legiones y abandonar la Galia Transalpina, o conservar 2 legiones y la Galia Cisalpina o una legión y la región de la Iliria hasta su elección a Cónsul” (Svetonio 

En efecto, estas son propuestas muy complacientes. Cesare renuncia a casi todo y acuerda mantenerse en Iliria, es decir, en los Balcanes con una sola legión. Lo único que pretende es tener derecho político a postularse para el consulado el año siguiente. la carta debe leerse el 1 de enero en el Senado en Roma. 

Pero los oligarcas con los Cónsules a la cabeza, no quieren hacer pública esa carta. Ya han decidido de hacerle la guerra a César, la responsabilidad de lo que va a suceder es de ellos. Los tribunos de la plebe con gran esfuerzo logran hacer que esa carta sea leída en el Senado, pero no logran hacerla poner a votación. 

En los días posteriores al 1 de enero, las reuniones, los acuerdos y las decisiones se suceden a un ritmo frenético alguien planea crear un nuevo ejército para luchar contra César, los líderes de los oligarcas piensan cómo dividir las provincias y sus recursos, hasta que llega el 7 de enero, donde se propone un instrumento institucional extremo; el senadoconsulto último (Senatusconsultum ultimun) esta medida sólo se utiliza en casos de excepcional gravedad, y da poderes dictatoriales a los magistrados, nadie antes había tenido la audacia de proponerla, excepto cuando la ciudad había sido en llamas y no había más esperanza para la salvación. Para los oligarcas la común salvación significa destruir César. Antonio y Casio, tribunos del pueblo y otros hombres de César abandonan Roma para reunirse con César, que mientras esta en Rávena recibe información continua sobre el desarrollo de la situación y decide actuar con una velocidad que sorprende a todos. 

Julio César cruza el Rubicón

La mañana del 9 de enero, del año 49 a.C., elije los mejores hombres y les ordena pasar el Rubicón antes que él, dirigirse a Rímini y ocupar la ciudad pero sin hacerse notar y sin violencia, llevando con ellos solo las espadas sin ninguna otra arma y evitando tanto como sea posible confusión y derramamiento de sangre. Sin las águilas de las Legiones, ni enseñas en las trompetas, sin muestras de fuerza. Esto confirma la intención de César de seguir el camuflaje del gesto revolucionario que está a punto de hacer mientras sus seguidores se disponen a ocupar pacíficamente a Rímini, él está en Rávena, y se unirá a ellos más tarde. 

La noche del 9 al 10 de enero del 49 a.C. Julio César se dispone a cruzar este río para romper las prohibiciones de la República y dar el primer paso decisivo hacia la construcción del imperio. Estamos acostumbrados a imaginar este momento con la debida solemnidad histórica, Julio César a caballo, señalando con la espada el camino a sus soldados, es una gloriosa escena refigurada en miniaturas medievales, en pinturas renacentistas y en las ilustraciones para libros escolares, en realidad las cosas parecen haber sido diferentes según el historiador Svetonio, esa noche, Julio César se pierde, no encuentra el Rubicón. 

Al salir de Ravena, escondido en un carro, con algunos de sus hombres, parece que por la oscuridad, la comitiva se pierde, luego un guía, un campesino, los ayuda a encontrar el camino justo. Finalmente llega a la cita con los suyos, que lo esperaban nerviosos por su retraso,  después de esta noche confusa la historia recupera su dimensión épica y las fuentes antiguas informan que las dudas de Julio César se presentaron nuevamente, Appiano nos cuenta: “Se quedó inmóvil contemplando la corriente, meditando las consecuencias de cruzar el rio armado, luego como tornando in  mismo; dijo a los presentes: Amigos, si no atravieso este torrente, habrá muchos sufrimientos para , si lo paso, para la humanidad.” 

César, a orillas del Rubicón, a la primera luz de un amanecer de invierno, en el frío, entre el vapor del respiro de los soldados y el aliento de los caballos y antes de hacer estos pocos metros, las certezas lo abandonan se detiene un momento dándose cuenta del paso que iba a hacer, volteé a los que están cerca de él; “Todavía podemos regresar, dijo. Pero si atravesamos, todo tendrá que ajustarse con las armas”. 

También se debate sobre la frase que dijo antes de atravesar: “Alea iacta est”; el dado fue echado o la suerte está echada,  pero también hay quienes piensan que en el transcurso de las diversas transcripciones del texto antiguo se habría perdido una o, luego la oración sería “Alea iacta esto” y “esto” es un imperativo en latín, la traducción en este caso sería: “Arrojemos este dado”  una versión quizás más cercana al personaje de Julio César, un jugador empedernido, que en el curso de su carrera ha arriesgado siempre y a menudo arriesgaba todo por el todo. 

Los historiadores que hemos citado en este articulo, escribieron todo esto mucho tiempo después de los hechos Así que a este punto vale la pena leer lo que dice César, sobre toda la historia del paso del Rubicón y la sorpresa; es encontrar que  no menciona nunca el Rubicón. Su versión de los hechos; es lineal, hay noticias del Senado, arengas a sus soldados, listas con los abusos de los senadores y las injusticias sufridas por él, por las personas y por los tribunos de la plebe.  

Y con su gran carisma enciende el entusiasmo de los Legionarios de la XIII Legión con ellos marcha sobre Rímini y Roma y luego explica los motivos que lo han hecho a actuar de este modo y como siempre en tercera persona: “César no atravesó los límites de las provincia para hacer daño, sino para defenderse de los insultos del enemigo y para reclamar para  mismo y para el pueblo romano oprimido por la facción de los pocos, la libertad”. 

Libertad, la misma palabra que invocarán cinco años después, los que él llama la facción de los pocos, cuando lograrán asesinarlo, durante los Idus de marzo. 

Después del Rubicón, pasan 5 años en los que César se mueve continuamente desde un extremo del Mediterráneo hasta el otro, derrota a Pompeyo en Farsalia, Grecia. Pompeyo escapa a Egipto donde es asesinado contra la voluntad del propio César.  

César llega a Egipto donde se alía con la reina Cleopatra, luego derrota al rey Farnaces de Anatolia, en solo 5 días, es la ocasión de la famosa frase Veni vidi vici (Vine, vi y vencí) Luego reprime los últimos focos de resistencia Pompeyana en África y en España. En el año 45 a.C., promulga leyes, promueve planes urbanos, reforma el calendario y, a pesar de la dureza de la guerra civil no liquida a todos sus enemigos Clementia Caesaris, la clemencia de César. Sus intenciones son poner fin a la violencia. Los idus de marzo, probarán que estaba equivocado. 

Deja un comentario