Jasón y el vellocino de oro

Jasón era hijo de Esón, rey de Yolcos, en Tesalia. Cuando Esón fue desposeído del trono por su hermanastro Pelias, mandó a su hijo, que aún era un niño, a la gruta del centauro Quirón, pues temía que Pelias pudiera hacerle algún daño. Jasón fue educado por el sabio centauro, y dejó su gruta cuando fue lo bastante mayor para ir a reclamar el reino de su padre. Pelias le prometió devolverle la dignidad real si llevaba el vellocino de oro a la ciudad. 

Jasón consultó el oráculo, que le animó a que dispusiera de un barco y realizase la expedición. Y entonces inicio la construcción de una nave a la que llamo Argo, en honor de su constructor, que se llamaba Argos. 

La Argo fue construida bajo la dirección de la diosa Atenea, con madera de los bosques del monte Pelión, en Tesalia. Tenía cincuenta remos. La proa del barco, construida con madera de Dodona, tenía el don del habla y de la profecía. 

Construcción de la nave Argo – Atenea ajusta la vela, mientras Tifis sujeta la verga y Argos trabaja en la popa. Bajorrelieve romano de terracota, Museo Británico, Londres

Durante el viaje Jasón y los argonautas debieron enfrentar y superar tantas dificultades. En esta entrada de Antares Historia, contaremos la parte final del viaje; el episodio de la obtención del vellocino de oro. 

En la ciudad de Ea había una gran confusión; en algún punto del río Fasis se había visto atracar una nave. A bordo había unos cincuenta hombres, pero sólo descendió uno, que se dirigió con paso seguro al palacio del rey Eetes.  

Al entrar en la residencia del monarca, fue recibido inmediatamente, y ante la familia real comenzó a hablar. Se llamaba Jasón, y venía de la lejana Tesalia; era muy hermoso y radiante, la miradas de todos estaban pendientes de él mientras hablaba.  

Relató que había sido enviado en misión por el rey de Yolcos, que habían construido una nave robusta llamada Argo, y que muchos héroes habían acudido de toda Grecia para formar parte de la expedición de los Argonautas.  

Entre ellos, procedentes de todas las regiones de Grecia, figuraban muchos hijos de divinidades y algunos tenían características especiales. Como los hermanos Zetes y Calais, que tenían alas; los adivinos Idmón y Mopso; Céneo, que había nacido mujer pero le fue concedido el deseo de convertirse en hombre; Linceo, cuya vista era prodigiosa, Orfeo, cuya música había hecho incluso moverse a los bosques de encinas y hasta el mismo Hércules, que había sido aclamado jefe de la expedición por los demás argonautas, pero rehusó y propuso que el mando fuera otorgado a Jasón.   

Describió también el viaje, largo y peligroso, que le había privado de varios compañeros; después la llegada a la Cólquide, en la desembocadura del río Fasis; y finalmente el desembarco en la ciudad.  

A este punto, a Jasón y a sus hombres sólo les quedaba conducir a buen término su misión: volver a llevar a Yolcos el vellocino de oro, la piel del carnero que Frixo había sacrificado a Zeus y que el rey Aetes custodiaba.  

Frixo montado sobre el carnero alado.

El rey permaneció serio y silencioso durante toda la narración, y luego anunció que Jasón tendría lo que solicitaba si podía superar tres pruebas, que comenzarían al día siguiente.  

Aquella noche Jasón durmió tranquilo, pero Medea, la joven hija del rey, no podía conciliar el sueño. Sabía que el extranjero nunca podría superar aquellas pruebas terribles, y este pensamiento no la dejaba en paz. Era una hechicera, experta en el uso de las hierbas, y que por obra de Afrodita y Eros se había enamorado de Jasón. 

A la mañana siguiente comenzaron las pruebas. En primer lugar, Jasón tuvo que arar un campo usando dos toros con pezuñas de bronce que exhalaban llamas por las fosas nasales y que tenía que unir al arado. Medea le dio una pomada que lo protegió de las llamas de los toros, lo que le permitió pasar la prueba, y gracias a ella Jasón logró trazar el surco en el suelo.  

La segunda prueba Jasón tuvo que sembrar los dientes de un dragón en el campo recién arado, de ellos brotaron cientos de guerreros, llamados Espartos. Una vez más, Medea instruyó a Jason sobre cómo podía hacer lo mejor: arrojó una piedra entre los guerreros que, incapaces de comprender su procedencia, se atacaron y aniquilaron entre si.  

Para obtener el vellocino de oro, faltaba tan sólo matar al dragón que lo custodiaba. Entretanto, Eetes decidía con sus hombres cómo detener a los argonautas si Jasón también lograba superar la última prueba. Medea les oyó, y corrió a adormecer al dragón con sus pociones; Jasón cogió el vellocino y huyó con Medea antes de que Eetes pudiera llevar a la práctica sus planes.  

Jasón y el vellocino de oro (Erasmus Quellinus 1630 – Museo del Prado)

El viaje de regreso no fue fácil, pero las artes mágicas de Medea ayudaron una vez más a los argonautas. Finalmente, Tesalia apareció en el horizonte. Jasón y los argonautas habían cumplido su misión.

 

En la imagen principal: El Argo, por Lorenzo Costa el Viejo – Museo Civico, Padua.

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