Espartanos o lacónicos – Las reformas de Licurgo

En realidad, lacónico es lo mismo que espartano. Laconia es una región de Grecia situada es el extremo SE del Peloponeso, a uno y otro lado del río Eurotas, y tiene como capital a Esparta. Sus habitantes fueron denominados indistintamente espartanos, lacónicos (o lacedemonios, por Lacedemón, su rey y héroe epónimo, hijo de Zeus).  

Fueron famosos ya desde la Antigüedad, sobre todo, por dos cosas: la extrema austeridad de su modo de vida y su parquedad en el hablar.  

Ya Estrabón, para describir las costumbres de cántabros, astures y demás pueblos al norte del Duero, dice que “viven al modo lacónico”.  

El adjetivo espartano, se usa mucho en nuestro modo cotidiano de hablar:  “llevar una vida espartana” o “recibir una educación espartana”), tambien usamos el  adjetivo lacónico (“responder de un modo lacónico, con un gran laconismo, lacónicamente”). 

 El conocimiento de las costumbres de los espartanos se debe principalmente a Plutarco, que las describió en su biografía de Licurgo, el legendario legislador de Esparta que se supone vivió en el s. IX a.C. (Vidas paralelas). 

Licurgo, legislador de Esparta y creador de las reformas de la sociedad espartana

Licurgo “se propuso desterrar la insolencia, la envidia, la corrupción, el regalo y, fundamentalmente, los dos mayores y más antiguos males: la riqueza y la pobreza”. Para conseguirlo suprimió las monedas de oro y plata, y repartió el terreno en lotes iguales, de manera que todos “tuvieran comida suficiente para estar sanos y fuertes, sin necesitar otras cosas”. 

“Hizo que todos comiesen juntos manjares y guisos señalados, y nada comiesen en casa, ni tuvieran paños y mesas de gran precio”.  

El sistema educativo era muy severo: “Las nodrizas criaban a los niños sin fajas, alimentados simplemente; imperturbables en las tinieblas; sin miedo a la soledad y no incómodos y fastidiosos con sus lágrimas”.  

A los jóvenes espartanos no los entregó Licurgo a la enseñanza de ayos comprados o mercenarios, ni estaba permitido a sus familias, criar y educar a sus hijos como gustase, sino que a la edad de siete años los repartía en grupos y, haciéndoles compañeros y camaradas, los acostumbró a entretenerse y mantenerse juntos. 

De letras aprendían lo esencial; y toda la educación se dirigía a que fuesen obedientes, sufridores del trabajo y vencedores de la guerra”. 

Una mujer espartana entrega el escudo a su hijo. “Vuelve con tu escudo, o sobre él”. Obra de Jean Jacques François Le Barbier

Para que los hijos “brotaran con más fuerza…” Las mujeres espartanas tenían también sus tareas bien definidas: “Ejercitó los cuerpos de las doncellas en correr, luchar, arrojar el disco y tirar con el arco, para que el arraigo de los hijos, tomando principio de unos cuerpos robustos, brotase con más fuerza; y llevando ellas los partos con vigor estuviesen listas para aguantar alegre y más fácilmente los dolores”.  

Fueron también famosos por su lenguaje conciso y breve, “porque, así como en los dados, a los placeres el exceso hace que, por lo común, queden débiles y enervados para la procreación, de la misma manera el inmoderado hablar hace la dicción necia y vacía de sentido”.  

Son muchas las anécdotas que al respecto recogen éste y otros autores. Una, que refleja muy bien los dos aspectos de su cultura, es la que cuenta Valerio Máximo, sobre las enérgicas despedidas de las madres que, al partir los hijos para la guerra, los exhortaban a que regresaran vivos y con los escudos en la mano, o muertos sobre sus escudos (aut cum armis, aut in armis) 

 

 

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