El libro de los reyes – El poema iraní

La meseta iraní es una de las regiones más fascinantes del mundo. En ella se extienden inmensos y vastos desiertos, regiones áridas en las que se eleva un gran número de cadenas montañosas. A los pies de las laderas rocosas se concentran oasis protegidos por palmeras y por los muros de adobe de los poblados. Pozos y canales subterráneos protegen las preciosas aguas del tórrido clima, y dan vida a frescos árboles frutales.  

Irán, territorio áspero y fuerte, es una tierra de héroes y de reyes, pues sólo la espada del rey puede mantener unido un territorio tan vasto, proteger de las poblaciones salvajes, así como de los espíritus malignos, los caminos, los mercados y las ciudades.  

El libro de los Reyes (Sáh-namá) es el poema épico nacional del pueblo iraní, una enorme recopilación de versos animados por la fantasía del poeta Firdusi, nacido hacia el año 935 en Tus, en el noreste de Irán, y muerto, según la tradición, en 1020 en su propia ciudad natal.  

Estatua de Hakim Abol-Qasem Ferdousí-e Tusí, abreviado como Firdusi

En el libro de Firdusi confluyen miles de años de narraciones orales, leyendas prehistóricas, héroes y mitos relacionados con el culto a Zoroastro, la antiquísima religión iraní; y, sobre todo, el sentido de identidad y de revancha nacional por parte de una tierra invadida por el extranjero.  

Hacia mediados del s. VII, el vendaval del islam se abatió desde el oeste sobre la meseta, y el imperio de los sasánidas se derrumbó de golpe. A la milenaria cultura iraní se superpusieron la nueva religión y la lengua árabe. Comunidades de mercaderes y de soldados dieron vida a nuevas formas de administración. Pero el poder de los califas árabes en territorio iraní siempre fue débil, sacudido por continuas revueltas.  

A raíz del cisma más grave del islam, los chiitas (los de chiah, es decir, del partido) rehusaron reconocer la descendencia del poder temporal de los califas de Bagdad y alimentaron el culto de Alí, yerno del Profeta, muerto y martirizado en batalla, y precisamente en Irán encontraron el terreno más fértil.  

En los siglos siguientes, las ricas regiones de Irán oriental, cuna de las enseñanzas de Zoroastro, habían accedido a su independencia respecto al poder occidental, y para justificar sus sentimientos nacionalistas, promovieron la recopilación y la compilación en forma escrita del inmenso patrimonio de historias y leyendas que habían florecido en el territorio de la meseta.  

El Sah-nama nació gracias al encuentro entre dos personalidades: la del poeta Firdusi y la del sultán de estirpe turcomana Mahmud de Ghazna, rey de un imperio que se extendía desde el actual Afganistán hasta buena parte de la India occidental.  

Tur Taunts Qobad, Pagina del Sáh-namá (Libro de los Reyes) Pintura atribuida a Qadimi Gilani .

Afortunadamente, el poema sobrevivió a pesar del enfrentamiento que, después de la redacción de la obra, opuso a ambos durante toda la vida de Firdusi. Hay que tener en cuenta que el libro se abre con una invectiva de Firdusi contra el sultán, a quien considera culpable de haberle pagado mal y de perseguirlo.  

Muchos de los reyes legendarios cuyas vidas narró en sus versos Firdusi, como GayumersFeridun o Minochir, ya habían aparecido en el Avesta, los antiguos textos sagrados de los persas. En la base de esta obra se halla un dualismo religioso, profundamente influido por el pensamiento zoroastriano, entre el bien (representado por Ormuz o por Ahura Mazda) y el principio eterno del mal, de la disolución (representado por Ahriman o Angra Mainyu) Los héroes del Sáh-namá  son reyes, nobles y poderosos iraníes, empeñados en el esfuerzo continuo por crear la civilización, el orden, la justicia y el bienestar. Luchan contra la malignidad de los Daeva, desleales criaturas esclavas de Ahriman, que trabajan constantemente para la ruina de los hombres y de sus obras.  

Los expertos piensan que, en la imagen de los Daeva, falaces pero habilísimos artesanos, constructores de ciudades, se oculta el recuerdo de antiguos pueblos que se enfrentaron a las poblaciones indoiranias durante el III milenio a.C. El otro gran enemigo de Irán es el país del Turan, las grandes regiones desérticas de Asia Central, que se encuentran en el norte de las fronteras iraníes.  

En el Turan viven pueblos nómadas y salvajes, que se trasladan hasta la meseta para saquear y llevar al país el caos de los desiertos de los que proceden. Y precisamente los turánicos son las armas más terribles de Ahriman. 

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