El Imperio Persa y su poder naval

El gran Imperio Persa, nació como un imperio terrestre a distancia del mar y confiando en la superioridad de sus armas con respecto a los Medos y a los Babilonios.

Ciro ya controlaba políticamente las colonias jónicas de Asia Menor ubicadas en el continente, y cuando expandió su imperio hasta Lidia, los colonos griegos, particularmente los asentados en las islas del Egeo, no dieron importancia a un posible peligro, ya que los persas, al menos hasta ese momento, no disponían de una flota.

El poder de las colonias jonias estaba esencialmente orientado hacia el mar, ya que estas tenían flotas mercantes, y no, flotas militares, inicialmente no percibieron el riesgo de la presencia de un imperio que continuaba a expandir sus fronteras.

Inmediatamente después de la caída de Lidia, Ciro envió a Arpagone a ocupar las ciudades griegas en el continente, a excepción de Mileto (que ya había hecho pactos con él), conquistando prácticamente todas las ciudades en el continente, mientras que los Jonios de las islas fueron conquistados solo en parte.

En 539 a.C. Ciro conquistó Babilonia y poco después obtuvo los tributos simbólicos que hicieron de las ciudades fenicias un imperio vasallo. Desde ese momento, el Imperio Persa también tenía una flota y marineros experimentados para maniobrarla. Con la ocupación de las bases fenicias y la adquisición de la tecnología marítima de los fenicios, el Imperio Persa se había convertido, además de la mayor potencia terrestre de la época, también en una potencia naval.

Mapa del Imperio Persa, bajo Ciro el grande

En ese momento, la potencia naval dominante en el Mediterráneo era precisamente la fenicia, con los fenicios de la madre patria que dominaba el Mediterráneo oriental y con los cartagineses, que eran fenicios que habían emigrado hacia África la península ibérica y que dominaban el Mediterráneo occidental.

De esta manera, el imperio tenía dos flotas disponibles, una en la costa este del Egeo armada con las tripulaciones de los Jonios y una en la costa del mediterráneo oriental armada con las tripulaciones de los fenicios.

Pero, mientras la flota jónica estaba formada por una serie de pequeñas escuadras, que sostenían continuas escaramuzas entre las ciudades jónicas, la flota fenicia era más compacta, y también técnicamente más preparada, por lo que el imperio persa la consideraba más confiable.

Cambises, que se convirtió en rey después de Ciro, puso bajo el dominio del imperio persa; Egipto, por lo que la flota se amplió y el tráfico marítimo se expandió en la costa africana, ocupada hasta las costas de Cirenaica, es decir hasta las fronteras del territorio controlado por Cartago.

Bajo el reinado de Darío, comenzaron las exploraciones de las costas griegas y del Mediterráneo occidental, enviando desde Sidón dos trirremes y un buque de carga que, después de haber explorado las costas del Peloponeso, llegaron hasta Taranto y Crotone. El resultado de la expedición no fue sin embargo muy feliz, ya que en las costas de Yapigia (Apuglia) los dignatarios de Darío fueron capturados y lograron salvarse de manera muy afortunada.

Darío también extendió el control persa sobre Samos, Lemnos e Imbros, en la costa europea del Mar Negro y comenzó a expandirse a Macedonia y Tesalia. De esta manera, el imperio persa, que controlaba los estrechos entre el Mar Negro y el Mediterráneo, tenía el control sobre el suministro de grano para la Grecia continental, un problema que ya había afectado a los aqueos en el momento de la guerra de Troya. Al mismo tiempo, había abierto un canal a través del istmo de Suez, que permitía el suministro de mercancías desde Arabia y la India sin tener que ir desde Asia Menor. A partir de ese momento, el Imperio tuvo control sobre la riqueza y los suministros esenciales de las poblaciones griegas, tanto asiáticas como europeas.

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