El fascinante enigma de Festo

Al sur de la isla de Creta, se encuentran las ruinas de Festo (Phaistósque fue una de las ciudades mas ricas y prosperas de la civilización minoica. Según la leyenda, su nombre derivaría de Festos el hijo de Heracles que emigró de Sición a Creta. 

El 3 de julio de 1908, el arqueólogo italiano Luigi Pernier estaba excavando unas reducidas estancias en el ángulo nororiental del gran palacio minoico de Festo. La zona contenía una serie de pequeñísimas fosas rectangulares alineadas de este a oeste, delimitadas al norte por un muro de bloques de piedra caliza y separadas entre sí por losas de terracota.  

De repente, al sur de la séptima fosa rectangular, apareció un pequeño disco de terracota. El mismo yacía inclinado, enterrado en un estrato de tierra oscura mezclada con cenizas, carbón y fragmentos de cerámica.  

El disco puede datarse, a finales del período minoico medio (hacia el 1550 a.C.). Junto al disco, apareció una tablilla de arcilla con una inscripción (intraducible) en la escritura conocida por los arqueólogos como lineal A. Desde entonces, el famoso disco ha representado para los especialistas un enigma fascinante, pero al mismo tiempo ha sido causa de frustración.  

Veamos por qué. El disco tiene un diámetro de 16 cm y fue modelado a mano con arcilla finísima. Ambas caras presentan espirales incisas en la arcilla aún blanda, que a partir de la circunferencia del disco llegan hasta el centro. En el interior de las espirales trazadas de este modo se imprimieron con punzones una serie de marcas organizadas en «palabras» compuestas por varios signos, divididos por trazos verticales.

El sistema de «escritura» mediante punzones constituye, a todos los efectos, un ejemplo de impresión con caracteres móviles de sorprendente antigüedad; es importante tener en cuenta que los primeros caracteres móviles europeos los inventó (o tal vez debiera decirse que los reinventó) a finales del s. XIV Laurens Coster en Holanda.  

En las dos caras del disco aparecen 45 marcas distintas, con un total de 241 signos. El disco es el único ejemplo de una escritura totalmente desconocida que no tiene paragón con ninguna otra de las halladas en la isla.  

Lado A del disco de Festo (Museo de Heraklion, Creta)

Los signos grabados son figuras humanas, o bien partes del cuerpo, como cabezas o una mano enguantada, que se alternan con armas (escudos, yelmos, flechas, arcos, mazas), o con instrumentos para la artesanía (sierra, cepillo, martillo), con animales o con partes de animales (cuerno y pata de toro, cabeza de gato) y con objetos más complejos, como un barco y quizás una colmena.  

Lado B del disco de Festo (Museo de Heraklion, Creta)

Se trata de una escritura silábica, en la que cada signo representa una sílaba. El estudio de estos signos ha permitido revelar otros detalles. Muchos de ellos se refieren claramente a objetos de tipo minoico o micénico (por ejemplo, el signo del escudo, el del guante, el de una vasija en forma de concha o el propio signo del barco).  

Curiosamente, algunas representaciones humanas muestran prendas de vestir no cretenses, como un yelmo con plumas, similar al que en Egipto se atribuía a los filisteos (a quienes, por otra parte, la Biblia considera procedentes de Creta), una cabeza afeitada que recuerda una costumbre siria o una faja lumbar de tipo egipcio.  

A pesar de los intentos que han llevado a cabo los expertos, el texto no ha podido descifrarse todavía, entre otras cosas porque los 241 signos de los que se compone no son suficientes. El arqueólogo Louis Godart señala que Michael Ventris, que logró traducir la antigua escritura conocida como lineal B, pudo examinar no menos de 30.000 signos.  

El desciframiento de la inscripción es todavía mas difícil por el hecho de que no poseemos la más mínima idea del argumento del texto, ni de la lengua en la que se expresa. 

Mapa de la Creta minoica, donde figura el yacimiento arqueológico de Festo

En Creta, durante la época minoica y micénica, además de la misteriosa escritura del disco de Festo se utilizaron otras escrituras. Una de ellas es la jeroglífica; otra, la denominada por los arqueólogos lineal A, y una más tardía denominada lineal B. Esta última es la única que ha podido descifrarse, en base a la hipótesis, inmediatamente confirmada, que se utilizó para escribir una antiquísima forma de griego.  

Cada una de estas escrituras está compuesta de signos silábicos, aunque también de cifras numerales y de algunos Ideogramas, es decir, signos que expresan un concepto, prescindiendo de cómo se expresa el mismo concepto en las respectivas lenguas.  

Normalmente, las inscripciones aparecen en tablillas, pero también, en casos más raros, en sellos, objetos de culto y cerámica. Se ha demostrado que el enigmático disco no tiene nexo alguno con estos tres sistemas de escritura.

 

En la foto principal. La antigua ciudad de Festo (Phaistos)

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