El asedio de Corfú de 1716

El domingo 3 de enero de 1717; coros, trompetas y tambores resuenan en el Ospedale della Pietà, el templo de la música veneciana. La República celebra su victoria sobre los turcos y rinde honores al Mariscal de Campo Johann Matthias von der Schulenburg héroe del reciente asedio de Corfú. Para la ocasión, Antonio Vivaldi ha compuesto el triunfo Judith, un “oratorio militar sagrado” que dura más de dos horas. Judith es la ciudad de Venecia, “la reina del mar”, victoriosa sobre el general asirio Holofernes, que, por supuesto, simboliza al turco otomano.

“Que las armas, la matanza, la venganza, la furia, la angustia y el temor
marchen ante nosotros”., recita el coro, al que el compositor dio el ritmo y los sonidos de la música de los jenízaros.

Primera edicion de la obra Juditha triumphnas, creada por Vivaldi para festejar la victoria de Corfú.

A principios del año 1715 los turcos en Macedonia, habían reunido un ejército de 70.000 hombres bajo el mando del gran visir  Silahdar Damat Ali Pasha, el yerno del sultán Ahmed III. El 25 de junio, el ejército cruza el istmo de Corinto e invade el Peloponeso, que en ese momento y desde el siglo XII se conocía con el nombre de Morea, y que era una posesión veneciana insertada en el Imperio Otomano. Las fortalezas venecianas que protegen la región, son consideradas inexpugnables, pero caen una tras otra. La primera en caer es la ciudadela de Acrocorinto, que tenía la función de bloquear el istmo y el acceso al Peloponeso. La fortaleza se rinde con la garantía de mantener salva la guarnición y la vida de los civiles, pero los jenízaros no cumplen la palabra dada y masacran a los soldados y a los habitantes. El fuerte Palaméde, que domina Nauplia, la capital de la Morea veneciana, sufre la misma suerte el 22 de julio.

La población griega del Peloponeso es ortodoxa y hostil a los católicos venecianos, de manera que observa el desarrollo de los acontecimientos sin involucrarse, y en sólo tres meses, la Morea cae totalmente en manos del sultán. Al mismo tiempo, la flota otomana, comandada por el Kapudan Pasha (Almirante en Jefe), Canim Hoca Mehmet Pashà, se apodera de las últimas posesiones de Venecia en el mar Egeo, las islas de Tinos y Egina. El Almirante tiene una cuenta pendiente con los venecianos; fue hecho prisionero por la Republica Serenísima durante un conflicto anterior, y fue condenado a remar durante siete años en las galeras venecianas (luego fue rescatado por 100 ducados de oro).

Las posesiones de la República se redujeron a la costa dálmata y las islas Jónicas. Corfú, la más septentrional y la más grande de las islas, se encuentra en una posición estratégica de suma importancia. Es a la vez la entrada clave para el mar Adriático y un trampolín ideal para lanzar ofensivas navales contra Italia, que se encuentra a pocos kilómetros de sus costas. De hecho, si Corfú debe caer en manos otomanas, su flota sería capaz de poner en peligro no sólo directamente Venecia, sino también todos los estados de la península, entre ellos la propia Roma, la codiciada “manzana de oro” que los turcos sueñan de conquistar desde la toma de Constantinopla.

La ciudad de Corfú, la capital de la isla, con una población de 50.000 habitantes, está fuertemente fortificada. Los otomanos ya la han sitiado dos veces sin éxito. Los venecianos, que saben de la amenaza inminente de la misma, dan el comando de la fortaleza al Mariscal Conde von der Schulenburg, un veterano de todas las guerras que han tenido lugar en Europa durante las últimas cuatro décadas. Proveniente de una antigua familia antigua prusiana, von der Schulenburg hizo sus estudios en París y en la Academia Protestante de Saumur. En 1687, a los 25 años, luchó contra los turcos en Hungría. Después de luchar contra los suecos, marcha al lado del príncipe Eugenio di Savoia-Soissons, en el curso de sus victorias sobre los franceses en Audenanrde y Malplaquet. Fue nombrado Conde y mariscal de campo en 1715, el mismo año comenzó al servicio de Venecia.

Johann Matthias Von Der Schulenburg, obra de Gian Antonio Guardi, 1741

El 8 de julio de 1716, la flota de Mehmet Pashà llega delante de Corfú y comienza a desembarcar una fuerza expedicionaria compuesta por 30.000 soldados y 3.000 jenízaros.

Schulenburg es capaz de oponerse sólo con unos pocos miles de hombres, un grupo de fuerzas heterogéneas reunidos apresuradamente: mercenarios alemanes, soldados dálmatas, italianos y griegos traídos del continente. La flota veneciana, comandada por el almirante Andrea Corner, llegó demasiado tarde para evitar el desembarco y tiene solo un tímido enfrentamiento con los naves del almirante turco. En las semanas que siguen, las dos flotas se enfrentaran y aprovisionaran sus respectivas tropas en tierra.

En la isla, los primeros combates se llevan a cabo para controlar el Monte Abraham y el Monte San Salvatore, que dominan la capital. El 19 de julio, los puestos de avanzada venecianos son vencidos y desde ese momento comienza oficialmente el  asedio. Los turcos cavan una serie de zanjas, una técnica de asedio que han experimentado desde hace al menos dos siglos y que el mariscal Sebastien Le Prestre de Vauban, utilizó en sus obras y tratados de fortificación. Los turcos comenzaron también a bombardear la ciudad desde las alturas. La población de Corfú se refugia en las bóvedas subterráneas. En lugar de los procedimientos habituales en asedios “Vauban”, los otomanos van al asalto todos los días, método que provoca grandes pérdidas, tanto de un lado que del otro.

Plano del puerto de Corfú, con los ataques otomanos de tierra y mar

El 5 de agosto, 1716, Mehmet Pashà, envía una carta al mariscal von der Schulenberg que decía así: “Yo, que soy un general honorado y que fui elegido por el más grande de los emperadores y el más formidable monarca del Imperio Otomano, Sultán Ahmed, para conquistar la isla de Corfú, hago saber a Usted, comandante de la fortaleza y al director principal de la guarnición, que su Majestad Imperial me ha enviado para someter la fortaleza antes mencionada y liberarla de vuestras manos, para destruir las iglesias y templos dedicados a la adoración de ídolos y erigir, en su lugar, mezquitas y templos de culto. Al concluir su grandilocuente misiva, el almirante exige una rendición incondicional para evitar la destrucción total de la ciudad.

Sin embargo, Corfú no se somete ni entra en pánico, como lamentablemente ya hicieron las otras fortalezas del Peloponeso. El año anterior, un centenar de sobrevivientes de la fortaleza de Acrocorinto, se refugiaron en la ciudad: el destino sufrido por las ciudades que se han rendido a los otomanos está bien presente y muy claro en la mente de los defensores, que eligen de resistir a cualquier precio.

Corfú sigue recibiendo refuerzos y suministros de la flota veneciana, a su vez apoyada por los buques de la Orden de Malta y la Santa Sede. En cuanto al viejo Schulenburg, acostumbrado a conducir hombres de todas las religiones y condiciones, no pierde la calma. Bajo su impulso enérgico, la población de la ciudad se compacta y lo sigue. En la noche del 8 de agosto, el día veinte del asedio, el sonido de los tambores, trompetas y gritos de guerra, los turcos lanzan un ataque general en todos los frentes. Logran superar las defensas exteriores y llegar a las puertas de la ciudad, donde comienzan a subir por las paredes con la ayuda de escaleras de madera. Animados por Schulenburg, los habitantes de la ciudad; italianos, alemanes, eslavos, Judíos, las mujeres y los religiosos, toman las armas para repeler el asalto.

Después de seis horas de combate, Schulenburg, espada en mano, intenta una salida con 600 hombres y sorprendente el flanco enemigo. A este punto, los atacantes entraron en pánico, abandonando las posiciones conquistadas, dejando más de 2.000 muertos en el campo y 20 banderas.

Al día siguiente, una tormenta de una fuerza sin precedentes pone en peligro la flota otomana, e inunda los campamentos y las trincheras. Corren también voces que se acercan las naves del rey de España. El 11 de agosto los turcos levantan el asedio y el contingente embarca después de haber perdido más de 5.000 hombres contra los 500 de las tropas venecianas. Los habitantes de Corfú hablan de un milagro gracias a la intervención de San Espiridión, el protector de la ciudad, que habría producido la tormenta. La retirada brusca de Mehmet Pashà debe referirse a otra causa: unos días antes, el 5 de agosto, el Príncipe Eugenio de Saboya-Soissons, general del ejército imperial, había derrotado a los turcos en Petrovaradin, Serbia, a las orillas del Danubio y el gran visir Silahdar Damat Ali Pasha había muerto durante la batalla.

Schulenburg, una vez liberada Corfú, puede volver a Venecia y escuchar el oratorio de Vivaldi, disfrutando de un merecido triunfo, se une en la celebración de su heroica defensa de la isla. Se crean medallas con su efigie y al año siguiente la República hace erigir una estatua en la fortaleza de Corfú, decidiendo también de pagarle una pensión anual de 5.000 ducados. También obtiene una residencia en el Gran Canal, como inquilino del palacio Loredan, El mariscal recoge una colección excepcional de pinturas, antes de morir en Verona en 1747, a los 86 años donde ejerció como gobernador militar de la ciudad.

Medalla de la defensa de Corfú, con el busto de Johann Matthias Von Der Schulenburg

 

Monumento a Johann Matthias Von Der Schulenburg, en la ciudad de Verona donde sirvio como capitan militar de la ciudad

La victoria de Corfú para Venecia, sin embargo, tiene un gusto amargo. Los comandantes venecianos en Morea habían mostrado muy poco ardor combativo y había sido necesario recurrir a un general alemán y Luterano para detener la serie de capitulaciones. En el mar, el león de San Marcos no se había comportado mejor. Los almirantes, provenientes de las más grandes familias de la República Serenísima; Dolfin, Corner y Pisani, habían mantenido una actitud de absoluta precaución. Durante el sitio de Corfú, los caballeros de Malta habían suplicado en vano a los almirantes venecianos de aprovechar las oportunidades que se presentaban de vez en cuando, para hacer frente a la flota otomana. Se observó en todas las maniobras de los venecianos (cuenta un testigo) que no tenían ningún deseo de luchar.

La paz alcanzada en Passarowitz dos años después, el 21 de julio de 1718, sanciona la falta de espíritu de lucha entre turcos y venecianos. Se basa en el status quo, es decir; las posiciones mantenidas en ese momento por las partes en conflicto. El emperador alemán adquiere varias provincias balcánicas, Banat, el norte de Serbia, Oltenia, mientras que el Sultán Ahmed obtiene la posesión del Peloponeso y las islas del mar Egeo. Aprendiendo de los reveses recibidos, el nuevo gran visir Damat İbrahim Pascià Nevsehirli, envía embajadas en Occidente para reunir información sobre nuevas tecnologías: a partir de ese momento en el Imperio Otomano inicia un período de paz que los historiadores han llamado la “Edad de los tulipanes” .

La República de Venecia conserva apenas, de su antiguo dominio marítimo, la costa dálmata y las islas Jónicas. La Serenísima está condenada a convertirse en un anexo de Austria, un destino turístico para los europeos ricos ociosos: “Una meretriz vieja”, escribió ferozmente Charles Louis de Secondat Barón de la Brede y Montesquieu, visitando la laguna en el 1728. La tenaz resistencia en Corfú será, pues, una de las últimas victorias de la gloriosa historia de Venecia.

Deja un comentario